Los ministerios en el rezo del Oficio Divino

 

LA LITURGIA

 En la liturgia es necesario que cada persona ocupe el sitio que le es asignado; dentro de este marco, los servicios en la celebración de los misterios de la fe se haces, los llamamos Ministerios. Los cuales se orientan a un mejor desarrollo del acto litúrgico, por lo cual es importante que cada persona asuma un rol específico de modo que la liturgia se presente, no como un acto caótico, sino como una armonía, una armonía que busca la honra del nombre de Dios, de algún santo y de la misma comunidad (iglesia).

 

En la celebración de la Liturgia de las Horas, lo mismo que en las demás acciones litúrgicas, “cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” (Organización General de la Liturgia de las Horas -O.G. L.H.-, 253)

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En este sentido, la liturgia, toma el ejemplo del cuerpo en el que la cabeza no cumple el mismo oficio que la mano, o la mano el del estómago; así, lo fieles en la liturgia, deben ejercer el oficio que les haya sido asignado, salvo algunas ocasiones particulares en la que se deben designar de modo extraordinario (Más allá de lo normal) a ministros que colaboren con la proclamación de la Palabra o la distribución de la Sagrada Comunión o el Viático. Por ello es importante que cada uno de los miembros de la celebración sea consciente, no sólo de su quehacer en la misma, sino también de las normatividades con las que la reflexión litúrgica de la iglesia propine para que haya mayor decoro en la celebración; por lo cual es importante, evitar en lo posible, las acciones que lleven a generar una sensación de improvisación que, en lugar de ayudar a concentrar las mentes y el corazón en los misterios que se celebran, sean elementos distractores o, sin la devoción propia al ministerio, hagan ver a la liturgia como una mera representación escénica.

 

De todo esto, lo que nos proponemos con este encuentro, es identificar las funciones que cada persona ejerce en el rezo del Oficio Divino, de modo que la dimensión coral en el rezo comunitario se potencia y sea la Liturgia de las Horas (LH); para ello precisamos indicar las funciones de los ministerios y los modos de abordar los Salmos y otros textos del Oficio Divino para las horas de Laudes y Vísperas, como horas principales y que se pueden replicar en las otras horas menores del día.

 

 

  1. DE LOS MINISTERIOS

Los ministerios en el Oficio Divino son: Presidente, Cantor Mayor (CM), Cantor menor (Cm), Lector (Lect) y Asamblea. Cada uno de estos ministerios ejecuta, como se mencionó un papel trascendental el cual permite, no sólo, el desarrollo del esquema propio del rezo de la hora, sino también que presenta la dinámica y el ritmo con que se realizará la recitación de los salmos o textos litúrgicos; del mismo modo que tendrán la posibilidad de garantizar un silencio sagrado que permita la interiorización del mensaje de los salmos.

 

1.1. Presidente

Es la cabeza de la celebración. Encarna la figura de Cristo, quien preside a su Iglesia en el culto perfecto al Padre. Por esta responsabilidad, conviene que sea un ministro ordenado; sin embargo, en la dinámica comunitaria se pueden establecer otros acuerdos en aras del sacerdocio común, teniendo en cuenta que si la oración es presidida por un laico, este no puede impartir la bendición final, ya que esto es una acción exclusiva de los ministros ordenados en el sacerdocio (Diáconos, Presbíteros y Obispos).

Si no estuvieran presentes el presbítero o el diácono, el que preside el Oficio es solamente uno entre iguales; no sube al presbiterio y no saluda ni bendice al pueblo. (O.G.L.H. 258)

 

1.2. Salmistas

El comienzo de las antífonas, de los salmos y de los otros cantos ha de hacerse por uno o varios cantores. En lo que atañe a la salmodia, obsérvese lo dicho más arriba en los nn. 121-125[1]. (O.G.L.H. 260)

 

1.2.1. Cantor Mayor (CM)

Tiene a su cargo la entonación del Salmo Invitatorio (para el caso de la primera hora del día), el himno, primer y tercer Salmo; del mismo modo que el Cántico evangélico (para Laudes y Vísperas) o el Te Deum (en el caso del Oficio de lecturas, si se recitase) y entonar los responsorios a las lecturas.

 

El CM entonará las antífonas y el primer verso de los salmos asignados, si estos serán en modo coral, o de recitar el Salmo o Himno si se opta por el modo de proclamación.

 

Es necesario aclarar que el Oficio Divino al componerse en gran parte de Salmos y cánticos, está cargado de una gran fuerza poética donde el silencio, no solo es necesario para la meditación, sino que también hace parte de la misma oración y lírica bíblica, por lo que conviene no atropellar el fin de uno con el inicio del otro, de modo que sin prisa y con espíritu solemne se llegue a la profundización del misterio de la oración, tal como se dice: “A fin de que, en la celebración del Oficio, la mente esté de acuerdo más fácilmente con la voz, y la Liturgia de las Horas sea verdaderamente «fuente de piedad y alimento para la oración personal»” (Laudis Cánticum, 3)

 

1.2.1. Cantor menor (Cm)

Su ministerio, aunque se llame “menor” no es menos importante. En su calidad de salmista, tiene la función de entonar y dinamizar el segundo salmo de la salmodia (que para la hora de laudes corresponde al cántico). No solo se trata de introducir un Salmo, sino en generar un cambio de voz, una entonación diferente que salvaguarde el dinamismo de la oración y no le deje caer en la monotonía.

 

En el caso en que al momento de la oración no haya el suficiente número de personas, se puede prescindir de este ministerio, siempre y cuando, se vivencie con espíritu de piedad el rezo de los Salmos.

 

1.3. Lector (Lect)

Este ministerio tiene el encargo de PROCLAMAR, de decir, de prestar su voz a la Palabra de Dios en la Liturgia de las Horas. Bien sea las lecturas breves, sentencias que anteceden al Salmo (en caso de acordarse su lectura) y lecturas bíblicas elegidas previamente por el presidente en el momento indicado por el carácter de la Hora.

 

Lo recomendable es que proclame la Palabra desde el ambón destinado para ello en la celebración eucarística, pero de no contarse con él, con la reverencia que es debida a la Palabra de Dios en la Liturgia, se colocará de pie y proclamará la lectura con toda la honra y amor que sugiere la Sacrosanctum Concilium, 24:

En la celebración litúrgica la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente grande. Pues de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía, y los salmos que se cantan, las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben su significado las acciones y los signos. Por tanto, para procurar la reforma, el progreso y la adaptación de la sagrada Liturgia, hay que fomentar aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura que atestigua la venerable tradición de los ritos, tanto orientales como occidentales.

 

Quienes desempeñan el oficio de lector recitarán de pie en un lugar adecuado, las lecturas, tanto las largas como las breves. (O.G.L.H. 259)

 

Cabe señalar que cuando las lecturas que se proclaman son las Lecturas breves propuestas para la hora, el lector debe evitar leer las rúbricas. También de dónde son tomadas, a no ser que las lecturas sean cambiadas con el aval del presidente.

 

1.5. Asamblea

Es el corazón de la liturgia. La oración de la LH es propuesta por la Iglesia como una oración comunitaria, por lo cual, participar de la asamblea litúrgica es participar del cuerpo de la Iglesia y, unidos a los Salmos, a la meditación de la palabra, a la alabanza, la adoración y la plegaria.

 

La asamblea celebrante vivencia el misterio que se celebra en ella se hace efectiva la promesa el Señor: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

 

Por lo cual, los fieles miembros de la asamblea deberá unirse a la celebración mediante las indicaciones dadas por el presidente o los salmistas; a su vez, con el silencio necesario o la entonación pertinente a cada uno de los Salmos, de modo que mente y voz se hagan uno solo. La asamblea de los bautizados es signo de la comunión eclesial a la que nos lanza la celebración mesurada y ferviente de la LH; sin embargo, aunque el rezo del Oficio Divino se realice en soledad, no significa que no esté la comunión; por el contrario, quien ora con este cántico de alabanza lo hace en nombre de toda la Iglesia y su voz se une a la de la multitud de ángeles y santos.

 

 

  1. DE LOS MODOS DEL REZO DE LOS SALMOS

Los salmos presentando por el breviario presentan una estructura que facilita la recitación en el rezo comunitario. Cada una de las estrofas de los Salmos presenta una transcripción con sangría, lo cual otorga un reconocimiento visual a las estrofas (párrafos) del Salmo, para su recitación comunitaria. Para ello conviene, inicialmente, tener presente lo que la Iglesia dictamina para el rezo de la salmodia en la Organización General de la Liturgia de la Horas (O.G.L.H.) en los numerales 121 al 125:

 

MODO DE RECITAR LOS SALMOS
121. Según las exigencias del género literario, de la extensión de cada salmo; según sea recitado en latín o en lengua vernácula, y principalmente según se reciten por uno solo o por muchos o se celebren con el pueblo, pueden proponerse distintos modos de recitación que ayuden a percibir mejor la fragancia espiritual y literaria de los mismos. Porque el empleo de los salmos no se establece por una especie de criterio cuantitativo de oración, sino que se ha atendido a la variedad del salterio y a la índole propia de cada salmo.

  1. Los salmos se cantan o recitan bien sea en forma seguida (o “en directo”), bien sea alternando los versos o estrofas entre dos coros o dos partes de la asamblea, bien sea en forma responsorial, según las diversas modalidades que nos brinda la tradición o la experiencia.
  2. Al comienzo de cada salmo recítese siempre su antífona tal corno queda dicho en los nn. 113-120; pero al final de cada salmo se mantiene en vigor el concluir con el Gloria al Padre y Como era. Pues el Gloria es la conclusión adecuada que recomienda la tradición que da a la oración del Antiguo Testamento un sentido laudatorio, cristológico y trinitario. Recitado el salmo, se repite la antífona, según convenga.
  3. Cuando se emplean salmos de mayor extensión, las divisiones de los mismos vienen señaladas en el salterio, dividiendo los miembros de la salmodia de forma que hagan patente la estructura temaria de la Hora, y teniendo en cuenta, sin embargo, el sentido objetivo del salmo en cuestión.
    Conviene observar dicha división, sobre todo en la celebración coral en latín, añadiendo el Gloria al Padre al final de cada una de las partes.

Es lícito, sin embargo, mantener este modo tradicional o interponer una pausa entre las diversas partes del mismo salmo, o recitar todo el salmo sin interrupción acompañado de su antífona.

  1. Además, cuando así lo aconsejare el género literario del salmo, se indicarán las divisiones estróficas de modo que, sobre todo si los salmos se han de cantar en lengua vernácula, puedan ser recitados interponiendo la antífona después de cada estrofa, en cuyo caso bastará con decir el Gloria al Padre cuando haya finalizado todo el salmo.

Dentro de este modo de recitar los salmos, podemos distinguir varias modalidades que buscan dinamizar la oración para no caer en la rutina de una lectura sin sentido y nuestra voz solo resuene sin la melodía necesaria, como un violín que ha estropeado sus cuerdas.

 

A continuación presentamos las siguientes sugerencias, las cuales no son un modo obligatorio, sino invitaciones para evitar caer en la rutina.

 

2.1. Unísono

Es la recitación del salmo a una sola voz, lo cual requiere que haya un ritmo adecuado, que no haya prisas y que se mantenga el sentido unitario de la oración.

 

2.2. Coral

Es el rezo en el que las estrofas se recitan en coros, para lo cual, la asamblea se divide en partes -generalmente dos- y van alternando la proclamación del salmo o cántico.

 

2.3. Responsorial

Del mismo que el salmo respuesta de la misa, el salmista alterna entre él y la asamblea, la lectura del salmo y la aclamación mediante una antífona.

 

2.4. Dilógico

Es la aclamación del Salmo, estrofa a estrofa, entre uno de los salmistas y la asamblea.

 

2.5. Meditado

La declamación del salmo está a cargo del salmista. La asamblea responde con una actitud silenciosa, de modo que a este silencio corresponda el degustar las palabras y las experiencias que el poeta sagrado transmite con las palabras de su Salmo o Cántico. Es necesario que el Salmista, entonces, no sólo se limite a la lectura de las palabras, sino a “cantarlas”, es decir penetrar en la hondura de la riqueza de sus imágenes, de sus aclamaciones, de sus afirmaciones, de la búsqueda de lo humano ante lo divino, de la necesidad de Dios de todo hombre.

 

Cabe reiterar que estas son sugerencias para la LH, no son las únicas posibilidades, ya que la dinamización de la celebración es responsabilidad de los ministros, por lo cual, se debe tener en cuenta la preparación previa, el reconocimiento de los sentidos de los textos y manejar la prudencia a la hora de improvisar, ya que las excesivas innovaciones en el rezo de la LH puede llevar a desconocer el principio de comunión eclesial que busca salvaguardar el Oficio Divino.

[1] Para ver el contenido de estos numerales remítase al apartado 2. DE LOS MODOS DEL REZO DE LOS SALMOS.

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