III Domingo de Adviento “Gaudete” (B)

III DOMINGO DE ADVIENTO

CICLO B

2014

 

…:::GAUDETE:::…

 

Is 61,1-2a.10-11 / Salmo Lc 1,46b-48.49-50.53-54 / 1Ts 5,16-24 // Jn 1,6-8.19-28

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos, bienvenidos a esta celebración eucarística.

Dice el Papa Francisco: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Evangelii Gaudium, 2). Hoy que celebramos el tercer domingo de Adviento, estamos invitados a renovar la alegría del encuentro con nuestro Señor.

¡La Navidad se avecina! ¡Nuestro salvador nace cada día en nosotros!

Con esta verdad, dejemos florecer en nosotros la sonrisa del amor del Padre y elevemos nuestra acción de gracias: celebremos eucaristía.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

Juan el Bautista es el protagonista en el Evangelio de este domingo, pero el personaje central es Aquel a quien no es digno de desatar la correa de su sandalia. Juan, con alegría y tenacidad, reconoce el papel central de Cristo en la historia. Esta es la actitud de quien ha sido ungido por el Espíritu del Señor, ya que sus obras –sus buenas obras- lo que hacen es anunciar que la justicia de Dios se acerca, así lo anuncia el profeta Isaías.

Por eso, debemos estar alegres y constantes en la oración, para reconocer la acción de Dios en nuestro vivir. Escuchemos con alegría.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

PRESIDENTE: Hermanos, elevemos nuestros corazones a Dios, quien los colma de alegría en la espera de la venida de su Hijo, Jesucristo. A quien anunciamos con entusiasmo, con cordialidad y convicción. Digamos:

            Renueva en nosotros la alegría del Evangelio, Señor.

  1. Por la Iglesia, para que sus miembros no se dejen vencer por el desánimo, la rutina, la crisis de identidad y la desesperanza, sino que animados por la fuerza del Espíritu de Dios y la sonrisa del Niño de Belén, pueda atravesar confiada el correr de los tiempos. Oremos.
  2. Oremos por nuestro país, que en este tiempo mide los indicadores del mercado; para que interpelado por la pobreza de Jesús, María y José en el pesebre se interrogue desde la justicia, la verdad y la paz que está llamada a construir. Oremos.
  3. Dad gracias en toda ocasión; que los hogares en estos tiempos de Adviento y Navidad se reúnan en torno a tu presencia, Señor y venzan la distancia, la división y los contratiempos con la oración. Que ellos sean escuelas de oración para que tu presencia sea glorificada en ellos. Oremos.
  4. Dijo Juan el Bautista: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Haz, Señor, que nosotros, comunidad de fe que celebra tu Nombre, reconozca tu presencia en nuestra sociedad y con alegría renovada, seamos instrumentos que atraigan a todos los hombres y mujeres a tu Amor y bondad. Oremos.

Se pueden añadir otras intenciones particulares.

PRESIDENTE: Junto con el Papa Francisco y toda la Iglesia, elevamos nuestra plegaria a ti, Señor, para que, a pesar de las adversidades colmes nuestro corazón de un nuevo gozo y alegría; para que manifestemos al mundo con fe firme y amable que Tú estás en medio de nuestros días. Escucha nuestra oración, Señor. Tú que vives y reinas en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

MONICIÓN AL OFERTORIO

Al momento de ofrecer, recordemos las palabras que Papa Francisco que nos invitan a la alegría. Dice el Papa: “´Él nos carga sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusina y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase”. (Evangelii Gaudium, 3)

 

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

La mesa está servida. Dios se entrega por entero; “Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores»” (Evangelii Gaudium, 3). Devuélveme la alegría de tu salvación.

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Kiononía san Ignacio

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