Reflexión para el IV Domingo de Pascua (B)

HIJOS EN EL HIJO POR EL PASTOR QUE NOS GUARDA

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Por

Wilson Zuloaga Niño, Pbro.

Sacerdote colaborador pastoral de la Parroquia de San Jerónimo

 

En la Solemnidad de Jesús, Buen Pastor, la Liturgia de la Palabra nos exhorta a comprender tres aspectos importantes que se complementan entre sí: La piedra angular, la filiación con Dios por el Hijo y el Pastor que da la vida por sus ovejas.

La piedra angular

El apóstol Pedro en su discurso del libro de los Hechos de los Apóstoles, evidencia con el salmista que “Jesús es la piedra que desecharon los arquitectos y que ahora se ha convertido en la piedra angular”. Todo constructor sabe que la piedra angular es la que sostiene la estructura entera del edificio y que tiene forma de ángulo en la parte más alta de la estructura arquitectónica sosteniéndola y cerrándola. Jesús, por ende, está en la parte alta de la construcción de su Iglesia, la cierra y la sostiene, pero mantiene la unidad del cuerpo estructural de esa edificación que es el Cuerpo de su Iglesia. Mientras Pedro, Juan y Santiago, son las columnas de la Iglesia, como lo afirma san Pablo, Jesús es quien la sostiene desde lo Alto. Esta analogía sirve para comprender con certeza la afirmación del salmista que Pedro recupera en su discurso.

El Buen Pastor nos hace hijos por adopción

De esta misma manera actúa el Pastor con su rebaño: lo mantiene unido, lo gobierna, lo dirige, lo guía, lo conserva y lo protege. He aquí la similitud de la piedra angular con el Buen Pastor. Así, sus ovejas son también parte de esa construcción entrando a ser piezas de ese Cuerpo eclesial por el bautismo que nos convierte en hijos por adopción debido a la acción salvífica de Cristo por su muerte y Resurrección. Esta filiación nos convierte en sus protegidos, en ovejas de su rebaño, participando así de su Amor por la fe que profesamos en Cristo.

La afirmación de Jesús en su “Yo Soy” que lo identifica con su Padre (Yahvé), evidencia que Él y su Padre son Uno, y si somos hijos por el Hijo, al entrar en comunión con su Iglesia formamos parte de su Cuerpo; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Todo, pues, evidencia la paternidad de Dios con nosotros, y sustenta la afirmación de san Juan en su carta: el Buen Pastor es también la piedra angular, y por ello es quien nos cuida, nos sostiene y nos protege como un Padre cuida y protege a sus hijos. Hoy, el tema fundamental de la filiación centra la reflexión de la fiesta del Buen Pastor. Felicitaciones a los pastores que apacientan el rebaño de Dios cuidando de ser obedientes a la voluntad del Señor siendo ejemplo y modelo para sus comunidades de fe en comunión con la Iglesia.

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Descargue esta reflexión 04 Domingo de Pascua (B) REFLEXIÓN JESÚS BUEN PASTOR

Vea las moniciones para la Eucaristía del IV Domingo de Pascua 2015

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Kiononía san Ignacio

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