V Domingo de Pascua (B) Reflexión

EL CAMINO CRISTIANO

1Jn 3,18-24

Seguimos haciendo el camino de las cartas del Apóstol san Juan. En esta ocasión encontramos elementos que se repiten en las cartas de Juan:

  • el amor

  • los mandamientos

  • confesión de Jesucristo como el Hijo de Dios

Con la reiteración de estos temas, Juan, podríamos inferir, anhela que a la comunidad cristiana a la cual dirige su mensaje, le quede claro en qué consiste el camino señalado por el maestro y abrazado mediante el rito del bautismo.

Especialmente hoy resuenan dos consejos:

En primer lugar: “no amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad” (Cf. 1Jn 3, 18); una llamada a vincular la vida con la predicación. Para el cristiano que se ve obligado a exponer su fe ante el mundo pueden resultar atractivos los discursos; sin embargo, Juan lo que busca presentar es que el cristianismo no es solo una racionalidad, es también relación: con Aquel que ha derramado su amor sobre nosotros (cf. 1Jn 3, 1), sino también una relación con aquellos que también han merecido el amor de Dios: los hermanos (cf. 1Jn 3, 17). El amor excede todo discurso y debe ponerse en obra. A amar se aprende amando. Esto nos hace pensar en la dimensión ética del seguidor de Cristo, puesto que nos obliga a plantearnos ante la presencia del otro y actuar frente a lo que se piensa y dice.

Sin embargo, el camino de Cristo no es una escuela ética – filosófica como las que se han formulado a lo largo de la historia, también es una confesión; por eso, en segundo lugar, resuenan estas palabras: “Y este es su mandato: que creamos en la persona de su Hijo Jesucristo y nos amemos los unos a los otros como él nos mandó” (cf. 1Jn 3, 23). Esto es, que a quien confiesa su fe en el Hijo de Dios le debe seguir un estilo de vida, el cual, más que ser una estructuración histórica, es un mandato de su maestro mismo. Fe y Caridad, son pues, caras de una misma moneda. Valdría la pena preguntarnos ¿Qué tanto hemos separado una de la otra?

La invitación de este domingo es clara: Hacer el cristianismo algo creíble; por eso, es necesario reflexionar en ¿qué tipo de testimonio estamos dando a la comunidad, a los hermanos para que reconozcan a Cristo como el mesías, el hijo de Dios? La provocación para andar el camino de Jesús es muy concreta y se sintetiza en estas dos palabras: “Vengan y vean” (cf. Jn 1, 38 b-39 a); pero hay que resaltar también que todo esto es imposible si no nos detenemos y nos damos cuenta que es el Padre quien ha derramado su amor primero (cf. 1Jn 3, 1). Si sabemos que Dios nos ama, que su corazón late por nosotros; nuestra consecuencia es dar los frutos dignos de ese amor y que el Evangelio de este domingo reclama (cf. Jn 15, 8).

No esperemos que sean los curas, los obispos, los otros lo que hagan visible el amor de Dios. Con el bautismo asumimos ese compromiso y al celebrar cada sacramento lo ratificamos. Sólo así, gozaremos de la experiencia de la Iglesia como cuerpo, como comunidad de salvación, y sabremos de la promesa del Resucitado: “y sabemos que permanece con nosotros por el Espíritu que nos ha dado” (1Jn 3, 24b)

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