XI Domingo del Tiempo Ordinario (B): Reflexión

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Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 6-10

Así que en todo momento estamos llenos de confianza sabiendo que, mientras el cuerpo sea nuestra morada, nos hallamos lejos del Señor y caminamos guiados por la fe y no por lo que vemos. Rebosamos confianza, a pesar de todo, y preferiríamos abandonar el cuerpo para ir a vivir junto al Señor. Por eso, tanto si vivimos en este cuerpo como si lo abandonamos, lo que deseamos es agradar al Señor. Porque todos nosotros tenemos que presentarnos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba el premio o el castigo que le corresponda por lo que hizo durante su vida mortal. (Versión: BHTI)

* * *

Celebramos el XI Domingo del Tiempo Ordinario. En este domingo uno de los elementos claves es el cambio, el tránsito; el cual se manifiesta tanto en el orden de lo litúrgico, como desde la Sagrada Escritura.

Cambios litúrgicos:

https://monicionista.files.wordpress.com/2015/06/c34d6-casullaverde.jpg?w=233&h=230Con este domingo dejamos en la Iglesia una serie de celebraciones de carácter mayor: Por una parte, la Pascua, que concluyó en la Solemnidad de Pentecostés y, por otra, las Solemnidades con la que inicia la segunda parte del Tiempo Ordinario o Común: Solemnidad de la Santísima Trinidad y la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor. Salvo por Pentecostés cuyo color litúrgico es el Rojo, la cincuentena pascual y las dos semana siguientes estuvieron selladas por el color Blanco. Con este domingo pasamos al Verde, con el cual nos ubicamos, no solo en la celebración gozosa de la Resurrección, sino también en la esperanza, la santificación del mundo y la escatología (Juicio Final).

En el Tiempo Ordinario, tenemos la oportunidad de recordar todos los misterios de la salvación iluminados por la Pascua de Jesucristo; esta es el eje del año cristiano, el eje de nuestra fe, la vitalidad de nuestra esperanza.

Cambios desde la Sagrada Escritura:

La Palabra de Dios que escucharemos a lo largo de los siguientes domingos hará un recuento de la obra de la salvación, a diferencia de la Pascua cuyo acento se marcaba en los temas de la Resurrección, el Bautismo y la Comunidad cristiana.

Este año, que desde el plan parroquial de San Jerónimo (Diócesis de Engativá) queremos prestar mayor atención a las segundas lecturas, encontramos un cambio significativo, ya que las cartas de san Juan hacen silencio para que resuene la voz de los demás Apóstoles, en especial san Pablo y san Pedro; por lo que las entonaciones y las insistencias, si bien buscan un mayor conocimiento de Cristo, plantean caminos diversos por los cuales, dichos Apóstoles apostaron por arraigar la fe en las distintas comunidades y culturas.

En el caso de este XI Domingo del Tiempo Ordinario, escuchamos la voz de Pablo en la segunda carta a los Corintios. En dicho texto, el llamado a reconocer el cambio es constante, ya que nuestros cuerpos que contienen un tesoro llevado en vasijas de barro (Cf. 2 Co 4, 7), pero como caminamos en fe y no en visión (Cf. 2 Co 5, 7) sabemos que nuestros cuerpos manifestarán la gloria de Dios; lo cual es un cambio, una pascua.

Rebosamos confianza, a pesar de todo, y preferiríamos abandonar el cuerpo para ir a vivir junto al Señor. Por eso, tanto si vivimos en este cuerpo como si lo abandonamos, lo que deseamos es agradar al Señor” (2 Co 5, 8-9) Cuando se leen estas líneas, se ha de tener especial cuidado, ya que, desde tiempos aun anteriores al cristianismo, la concepción de nuestro ser humano se dio en torno a dos substancias: el cuerpo y el alma, las cuales estaban en constante pugna y irreconciliable dialéctica; dichos pensamientos, llevaron, posteriormente a muchos cristianos a hacer todo lo posible por menospreciar su vida, al considerar que la vida del alma era lo único importante; de ahí que el cuerpo sea malo y reprochable; sin embargo ¿vino Jesucristo solo a salvar almas? Si esto resulta cierto, vanas fueron las celebraciones pasadas: lqa pascua, el celebrar el cuerpo del Señor y su santa Encarnación. Sin embargo, el mismo Pablo es el que nos advierte de la necesidad de tener nuestra mirada puesta en el Señor, ya que el más hondo anhelo del Cristiano es “Agradar al Señor” (Cf. 2 Co 5, 9b).

En la búsqueda de dicho agrado, las incomodidades del tiempo presente son nada ante la dicha de nuestra esperanza. Este mensaje que resuena a través de tantos siglos de cristianos martirizados a causa de su decisión, convicción y encuentro con el Señor de Emaús, es una invitación para los cristianos de hoy. Como la larva que abandona, a costa del dolor de dejar de ser lo que es, su condición para abrirse al cambio, los cristianos reconocemos que lo que nos aguarda es mucho mayor que la turbación: hemos sido constituido reyes a partir de la cruz; pero ¿seremos capaces de beber esta copa día tras día o en el momento que debamos dar razón de nuestra esperanza? (Cf. Mc 10, 37-40; 1Pe 3, 15)

Encomendemos este día al Corazón Inmaculado de María para que nos permita morir y nacer a una vida nueva:

María, pureza en vuelo,

Virgen de vírgenes, danos

la gracia de ser humanos

sin olvidarnos del cielo.

Enséñanos a vivir;

ayúdenos tu oración;

danos en la tentación

la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad

por esta limpia victoria.

Y gloria por esta gloria

que alegra la cristiandad. Amén

ANTONIAZZO ROMANO

Madonna Enthroned with the Infant Christ and Saints

(San Pablo y San Francisco de Asís)
1487
Oil on panel, 166 x 165 cm
Galleria Nazionale d'Arte Antica, Rome

* * *

Por: Juan Camilo Tobón C.

Servidor de la Koinonía san Ignacio – Parroquia san Jerónimo.

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Vea la Moniciones de la Eucaristía del XI Domingo del Tiempo Ordinario

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Kiononía san Ignacio

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