XVI Domingo del Tiempo Ordinario (B): Reflexión

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO B

Él (Cristo) es nuestra paz” Ef 2, 14 a

DELACROIX, Eugène
Christ on the Cross
1839
Graphite
Kunsthalle, Bremen

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 2, 13-18

Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos, Judíos y Gentiles, una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear, en él, un solo hombre nuevo.

Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz; paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

PALABRA DE DIOS

Seguimos con el recorrido que nos traza la segunda lectura de cada domingo. Hoy, XVI del Tiempo Ordinario continuamos con la carta a los Efesios. La semana anterior, veíamos el himno cristológico (Ef 1, 3, 14); en cual el plan salvación del Padre es manifestado en su Hijo, por cuyo amor hemos sido sellados con el Espíritu Santo. Es necesario tener presente este contexto, de modo que la exposición que hoy escuchamos de Pablo tenga sentido.

Esta carta, redactada mientras Pablo estaba en la prisión, deja ver una de sus preocupaciones: la división constante que en la Iglesia se daba entre los cristianos de origen judío y los no judíos (paganos, gentiles). El plan de Dios, expuesto con maestría en el primer capítulo de la carta, tiene cabida para todos los pueblos, los cuales han sido reconciliados por la sangre de nuestro Señor y maestro derramada en la cruz. Es el misterio de la Pascua lo que no sólo no ha reconciliado con el Padre, sino que también lo ha hecho entre nosotros mismos; de ahí que el apóstol lance una afirmación categórica: “Él (Cristo) es nuestra paz”. Es Jesucristo quien nos congrega con su mensaje, a precio de su sangre ¿Por qué los cristianos deben proseguir el camino del odio y las disputas por razas o ideologías? ¿Este es el testimonio que conviene a los que fuimos adquiridos con tan alto sacrificio?

Hoy, estas preguntas nos deben parecer muy actuales. Lamentablemente, a los católicos no nos creen mucho. Decimos que todos deben creer en Cristo, pero ¿como sus seguidores no deberíamos engrandecer su Nombre con nuestras acciones? Lamentablemente, entre católicos, encontramos anti-testimonios: hombres y mujeres quienes portando una cruz en sus cuellos, una imagen de la santísima Virgen María u otro sacramental, no son plenamente conscientes de la identidad del discípulo de Cristo, quien “sintió compasión de las gentes, pues estaban como ovejas sin pastor” (cf. Mc 6, 34b), llegando a generar rencillas y divisiones, no sólo en el ámbito civil, sino aun en las mismas comunidades cristianas. ¡Cuántas conciencias atraeríamos con sólo una pizca de humildad, caridad, calidez o apacibilidad en nuestras acciones!

Pero cuidado, ahora no sea que nos dividamos entre quienes dan testimonio y quienes no, quienes son puros y quienes no; todos necesitamos de la misericordia de Dios y, a su vez, estamos llamados a comunicar esa misericordia… Duro trabajo para personas que moramos en un mundo donde el ego es la medida de todas la cosas, pero que, asumiendo nuestro bautismo sabemos que estamos llamados a ser hombres nuevos (Ef 2, 15 c); ardua tarea de pacificación, pero tranquilos, ya lo habíamos escuchado un par de semana atrás:

Y precisamente para que no me pudiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: –«Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad».

Con mucho gusto, pues, me preciaré de mis debilidades para que me cubra la fuerza de Cristo. (2Co 12, 7-9

Puestos en las manos de nuestro Señor, invoquemos el don de su sabiduría, para que nos inspire acciones de paz, de justicia, de fraternidad; acciones que den testimonio de cómo hemos abrazado su salvación. Que la Inmaculada Virgen María, san José y san Juan XXIII rueguen por nosotros para que nos ayuden a ser santos leyendo con fidelidad al Evangelio los signos de los tiempos. Amén.

==========================

Vea las MONICIONES litúrgicas propuestas para este domingo

=============================

Kiononía san Ignacio

Anuncios
Categorías: Reflexiones | Etiquetas: , , , | 1 comentario

Navegador de artículos

Un pensamiento en “XVI Domingo del Tiempo Ordinario (B): Reflexión

  1. Pingback: XVI Domingo del Tiempo Ordinario (B): Moniciones | Monicionista litúrgico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: