XXI Domingo del Tiempo Ordinario (B) : Reflexión

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO B

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 5, 21–33

Expresen su respeto a Cristo siendo sumisos los unos a los otros. Sométanse así las esposas a sus maridos, como al Señor.

El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo salvador. Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y después de bañarla en el agua y la Palabra para purificarla, la hizo santa, pues quería darse a sí mismo una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada.

Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa es amarse a sí mismo. Y nadie aborrece su cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida. Y eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos miembros de su cuerpo.

La Escritura dice: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y los dos formarán un solo ser. Es éste un misterio muy grande, pues lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como a sí mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido.

PALABRA DE DIOS

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LA RIQUEZA DE PERTENECER A LA FAMILIA DE CRISTO

Un fraternal saludo en Cristo, Jesús. Para este vigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario, la riqueza de la Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre nuestra pertenencia a Cristo y el sentido de identidad que tenemos como cristianos. Servir a Dios reconociendo que es Él el único Dios verdadero y por el cual poseemos todas nuestras bendiciones, es el primer gran paso para obtener los favores inmerecidos de un Dios infinitamente grande y misericordioso. Es justamente lo que hace Josué ante el pueblo de Israel cuando los convoca para anunciar que él y su familia seguirán sirviendo a este Dios que los liberó de la esclavitud y les ha otorgado grandes beneficios.

Por la misma razón, el evangelista nos regala el final del discurso del Pan de Vida, donde Jesús realiza una propuesta que implica el permanecer unidos a Él; aunque para muchos resulte absurda, Jesús propone que sólo quien acoge su Plan de Salvación a través del sacramento eucarístico puede ser su discípulo y su enviado, puede pertenecer a su rol, a su familia.

Es, primordialmente, por estas razones que el apóstol san Pablo nos va a entregar en su exhortación de hoy a los efesios un claro llamado a vivir en la unidad familiar de la misma manera que Cristo y su Iglesia permanecen en esa unidad. Si bien es cierto que los domingos anteriores nos encontrábamos con el tema Eucarístico en el discurso del Pan de Vida, y la reflexión bautismal que san Pablo nos regalaba nos invitaba a comprender en qué consistía esa pertenencia a la Iglesia y a Cristo mismo, hoy el hilo conductor de la Liturgia nos induce a comprender hacia dónde va dirigida la misma exhortación: Todos pertenecemos a una misma familia y ahora la clave está en reconocer que todo parte de nuestra propia familia para entender el plan de Dios para con su pueblo.

Por ello san Pablo se introduce en el ambiente familiar con las indicaciones claves que hay que hacer para poder llevar una vida al interior del hogar al mejor ejemplo de Cristo: “Que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo (…) Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla purificándola con el agua y la Palabra”. (Cf. Ef 5, 26)

Es claro que al hablar de la purificación de la Iglesia a través del agua y de la Palabra, Pablo va concluyendo su discurso bautismal ejemplificándolo con la misma familia humana donde se debe vivir bajo la doctrina que Cristo ha dejado a sus discípulos: si somos conscientemente seguidores de Cristo, nuestra vida cotidiana debe manifestar esa riqueza de pertenecer a Él viviendo, desde el mismo seno familiar, la propuesta salvífica de Dios para asimilar a plenitud su mensaje. Pensemos ahora: ¿Qué rol de cristianismo vivimos en nuestras familias? ¿Sí somos consecuentes con las enseñanzas de Cristo, respetándonos y amándonos mutuamente dentro del seno familiar como Cristo ama a su Iglesia y como la Iglesia obedece y sirve a Cristo? Vivamos al interior de nuestras familias con la invitación que Pablo nos regala hoy para reflexionar nuestro papel de creyentes en nuestro entorno familiar.

Wilson Zuloaga N., Pbro

Colaborador Parroquial.

Parroquia San Jerónimo, Diócesis de Engativá (Bogotá)

A.M.D.G.

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Vea las moniciones para este XXI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

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Kiononía san Ignacio

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