XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (B) : Reflexión

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO B

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos, si realmente creen en Jesús, nuestro Señor, el Cristo glorioso, no hagan diferencias entre personas. Supongamos que entra en su asamblea un hombre muy bien vestido y con un anillo de oro y entra también un pobre con ropas sucias, y ustedes se deshacen en atenciones con el hombre bien vestido y le dicen: «Tome este asiento, que es muy bueno», mientras que al pobre le dicen: «Quédate de pie», o bien: «Siéntate en el suelo a mis pies». Díganme, ¿no sería hacer diferencias y discriminar con criterios pésimos?

Miren, hermanos, ¿acaso no ha escogido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe? ¿No les dará el reino que prometió a quienes lo aman?

PALABRA DE DIOS

¿tolerantes cristianos?

ANTONIO VENEZIANO
Apostle James the Greater
c. 1384
Poplar panel, 51 x 33 cm
Staatliche Museen, Berlin

Conversando con un amigo sobre esta segunda lectura de la carta de Santiago, hablabamos sobre la necesidad que tenemos los cristianos de abrir las puertas de la Iglesia y ellos implica tolerar a algunos hermanos; sin embargo, la palabra tolerancia, tan de moda en los medios de comunicación, trabajada a son de fuerza y censura por lo filósofos de la Ilustración, tan manipulada hoy por los mass media y los discursos de poder, ¿será la más apropiada para nuestro contexto cristiano?

Por tolerancia nos referimos al acto de soportar a quienes por sus ideas, palabras, opciones y actitudes van en contravía de nuestro bienestar, evitando en gran medida la confrontación violenta con la parte agresora. Esto a nivel civil es urgente para la sana convivencia entre los ciudadanos; sin embargo, para llegar a este valor es necesario una medidad mínima de indiferencia o desdén frente al sujeto o situación que nos incomoda; pero en todo esto donde queda la virtud?

Al leer este texto de Santiago justamente encontramos que el discípulo del Señor no puede ser tolerante frente a aquellos que le incomodan en la asamblea litúrgica; por el contrario, debe comprometerse con él, con ella. Santiago, con los ojos fijos en su Señor, el mismo que restablece la dignidad a quienes son señalados (cf. Mc 7, 31-37), a quienes están por fuera de un circulo social justamente por su diferencia: discapacidad, ideas, criterios. El Jesús de Santiago, el de los primeros cristianos, era el hombre que nos enseñó que Dios ha optado por el hombre, por la persona, más allá de sus anillos, pompas, títulos académicos, posesiones intelectuales, materiales y, porque no, tecnológicas. La medida del hombre está en ser criatura de Dios, justo por ello, Dios mismo se compromete con nosotros aún en medio de nuestras miserias y carencias. Dicho compromiso encuentra en la Pascua su signo más alto y generoso. La pregunta que resuena en la carta es ¿Puede el discípulo de Cristo negarse a obrar como él lo haría? La pregunta sigue resonando dos mil años después, donde vemos a un Jesús que no se hizo el de la vista corta ante las personas escandalosas y marginadas de su tiempo: Él no fue indiferente ante toda miseria humana, Él se comprometió hasta lo último.

Que este domingo, pues, seamos más conscientes de nuestra necesidad de poner la mirada en nuestro Señor, de desterrar nuestra indiferencia, nuestra indolencia ante los nuevos Lázaros, ante las nuevas Marías, ante los nuevos Cristos que caminan a doloridos y que, en muchos casos, son separados de nuestras comunidades eclesiales. No les toleremos, comprometámonos con ellos, así como lo hace Aquel que en el altar por manos del Sacerdote de hace presenta para llevar sobre sí nuestras miserias más visibles y hondas.

Que María, quien asumió el compromiso de ir a llevar la Buena Nueva a su pariente anciana, y José quien corrió el riesgo de la llamada del Señor, nos acompañen en nuestro camino de conversión, camino que nos lleva a la paz.

A.M.D.G.

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Kiononía san Ignacio

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