Epifanía del Señor, Solemnidad (C) : Moniciones

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA

CICLO C – 2016

Is 60, 1-6 / Sal 72 (71) / Ef 3, 2-3a. 5-6 // Mt2, 1-12

«Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz» (Is 60, 1)

GIAQUINTO, Corrado
Adoration of the Magi
Oil on canvas, 151 x 114 cm
Private collection

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos, bienvenidos a esta acción de gracias.

Vamos concluyendo el Tiempo de la Navidad. La luz del Señor resplandece sobre todos los pueblos, sobre todos los hombres y mujeres para que nos acerquemos a la misericordia que brota de su corazón. Como los Reyes Magos acudamos a él con los tesoros de nuestras buenas acciones. Llenos de confianza en la misericordia del Padre, celebremos esta solemnidad de la Epifanía.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

Hoy el Señor manifiesta su gloria a su pueblo y a los gentiles. La salvación del Señor resplandece sobre Jerusalén como nos lo recuerda Isaías; pero también sobre todos los hombres, como lo señala San Pablo. Atendamos con devoción la voz de nuestro Señor para contemplar su Gloria y Misericordia inagotable.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Luz de los hombres, escúchanos.

1) Te rogamos, Señor por tu Iglesia para que la cuides y sustentes con tu misericordia para que, en comunión con el Papa y los obispos, seamos un solo pueblo que anuncie tu Evangelio.

2) Tú que atraes a todos los pueblos a ti, santifica nuestro país para que escuchando la invitación que le haces a vivir en misericordia y justicia sea una realidad en la historia que nos permites vivir.

3) Te pedimos, Dios de luz, que acompañes y fortalezcas a todos los que sufren a causa de la desesperanza, del desempleo, del olvido de sus seres queridos; que en ellos resplandezca tu Rostro y, movidos por tu misericordia, sean signos de santidad en tu Iglesia.

4) Ya que nos has hecho miembros de un mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, mira con bondad a esta comunidad que se reúne a celebrar tu Nombre para que, la alegría de este tiempo de la Navidad perdure en nuestra búsqueda de tu luz en la caridad, la oración y la escucha atenta de tu Palabra de vida.

MONICIÓN AL OFERTORIO

Como los Sabios del Evangelio, acerquémonos al altar con nuestras ofrendas, lo mejor de nuestro corazón; para que este 2016 que recién iniciamos transcurra en espíritu de adoración a nuestro Dios y Señor. Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Jesús de Nazaret, el ungido de Dios, su Hijo y Salvador, la luz de la historia, está en medio de nuestra comunidad, en este altar. Dispongamos el corazón para adorarle en comunión con todos los pueblos del mundo, junto con María y José. Pasemos a comulgar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible solemnidad de la Epifanía (c) 2016

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«Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia ». Las palabras de santo Tomás de Aquino muestran cuánto la misericordia divina no sea en absoluto un signo de debilidad, sino más bien la cualidad de la omnipotencia de Dios. Es por esto que la liturgia, en una de las colectas más antiguas, invita a orar diciendo: « Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón ». Dios será siempre para la humanidad como Aquel que está presente, cercano, providente, santo y misericordioso.

“Paciente y misericordioso” es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción. Los Salmos, en modo particular, destacan esta grandeza del proceder divino: « Él perdona todas tus culpas, y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de gracia y de misericordia » (103,3-4). De una manera aún más explícita, otro Salmo testimonia los signos concretos de su misericordia: « Él Señor libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y levanta al caído; el Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda; el Señor ama a los justos y entorpece el camino de los malvados » (146,7-9). Por último, he aquí otras expresiones del salmista: « El Señor sana los corazones afligidos y les venda sus heridas. […] El Señor sostiene a los humildes y humilla a los malvados hasta el polvo » (147,3.6). Así pues, la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón.

(SS. Francisco. Misericordiae Vultus, 6)

2016

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