Consagración del altar Parroquia San Jerónimo : 26 Febrero 2016

Consagracion del altar 26 Febrero 2016_4

La parroquia san Jerónimo, por gracia de Dios, tuvo la oportunidad de dedicar su altar al culto divino por parte de Mons. Francisco Antonio Nieto, obispo de la Diócesis de Engativá, el 26 de Febrero de 2016; para mayor gloria de Dios y alimento de los fieles en la Eucaristía y la Palabra de Dios.

Reproducimos el texto de la consagración del altar. El cual puede ser descargado en verión imprimible en el siguiente link: Celebración (Completo) de consagración del altar de manos de Mons. Francisco Antonio Nieto

Consagracion del altar 26 Febrero 2016_1

Diócesis de Engativá

Parroquia San Jerónimo

CELEBRACIÓN DE CONSAGRACIÓN DEL ALTAR DE MANOS DE Mons. FRANCISCO ANTONIO NIETO

26 de Febrero de 2016

DISPOSICIONES GENERALES

MINISTERIOS

PRESIDENTE: Mons. Francisco Antonio Nieto

CONCELEBRANTE 1: Pbro. Leonardo Suárez

CONCELEBRANTE 2: Pbro.

DIÁCONO DE LA PALABRA: Diac. Jaime Ferro

DIÁCONO DEL ALTAR: Diac. Efraín Aguirre

MAESTRO DE LA CEREMONIA: Luis Sebastián Carrillo

MONITOR: Liliana Rodríguez

PRIMERA LECTURA: Alberto Enciso

SALMO: Catecúmeno,

TURIFERARIO:

NAVETERO:

CIRIALES

1:

2:

PORTAINSIGNIAS

MITRA:

BÁCULO:

ENTRONIZACIÓN DE LAS RELIQUIAS DEL ALTAR: Diác. Jaime Ferro

SECADO Y REVESTIMIENTO DEL ALTAR

MANTEL: Jorge y Martha

ARREGLOS FLORALES: Catecúmenos

CIRIOS DEL ALTAR: Diác. Efraín Aguirre

MINISTERIO MUSICAL: Mónica

LETANÍAS DE LOS SANTOS: Catecúmeno,

.

RITOS INICIALES

Se revisten los ministros con ornamentos blancos. El templo debe estar medianamente iluminado, destacando la ausencia de luminosidad.

Entrada

Proyección del video documental de restauración del templo

Monición de entrada

Hermanos, nos reunimos esta noche en torno a nuestro obispo y nuestro párroco para rogar al Señor que unja con el poder de su Espíritu el altar de nuestro templo. Esta mesa nos congrega, ella es signo de nuestra comunión eclesial, en ella servimos el alimento que nos une como hermanos. Pidamos la intercesión de san Jerónimo para entonar nuestra acción de gracias al Padre de las misericordias. Llenos de júbilo iniciemos nuestra celebración.

Estando reunido el pueblo, el obispo y los presbíteros concelebrantes, los diáconos y ministros, revestidos con sus respectivas vestiduras litúrgicas, salen de la sacristía, precedidos por el crucífero, y se dirigen hacia el presbiterio por la nave de la iglesia.

Las reliquias de los santos se colocarán, antes del comienzo del rito, en un sitio adecuado del presbiterio, en medio de cirios.

Durante la procesión, se canta:

Canto: “Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor”

Cuando la procesión llega al presbiterio, los presbíteros concelebrantes, los diáconos y ministros van a sus puestos. El obispo, sin besar el altar, va a la cátedra. Luego, deja el báculo, se quita la mitra y, junto con todos los fieles, se santiguan mientras dicen:

En el nombre del Padre,

y del Hijo,

y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén

Luego, saluda al pueblo con estas u otras palabras tomadas preferentemente de la sagrada Escritura:

La paz esté con vosotros.

El pueblo contesta:

Y con tu espíritu.

Bendición y aspersión del agua

Terminado el rito de entrada, el obispo bendice el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo.

Los diáconos llevan el agua al obispo, que está de pie en la cátedra. El obispo invita a todos a orar con estas palabras:

Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor este altar, supliquémosle que bendiga esta agua, creatura suya, con la cual seremos rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia.

Y todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo continúa:

Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida, que tanto amas a los hombres que no sólo los alimentas con solicitud paternal, sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza; y así has querido, en tu designio misericordioso, que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal, mueran con Cristo y resuciten inocentes, sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno; santifica con tu bendición + esta agua, creatura tuya, para que, rociada sobre nosotros, sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templos de tu Espíritu; concédenos a nosotros y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios llegar a la celestial Jerusalén.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

El obispo, acompañado por los diáconos, rocía con agua bendita al pueblo. Luego, rocía también el altar. Mientras tanto, se canta un canto adecuado.

Canto de aspersión

Después de la aspersión, el obispo regresa a la cátedra y, terminado el canto, dice, de pie, con las manos juntas:

Dios, Padre de misericordia,

con la gracia del Espíritu Santo,

purifique a quienes somos templo vivo

para su gloria.

Amén.

Oración colecta

Dado el tiempo de Cuaresma no se dice el himno Gloria a Dios en el cielo. El obispo, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo, con las manos extendidas, dice:

Dios, Padre Nuestro,

que quisiste que todo fuera atraído

por tu Hijo, elevado en el ara de la cruz;

derrama tu gracia celestial

sobre estos hijos tuyos

que hoy te dedicamos este altar,

alrededor del cual nos congregas a la unidad,

donde con paternal providencia nos alimentarás,

y por la efusión del Espíritu Santo

constituirás de día en día

un pueblo consagrado.

Por nuestro Señor Jesucristo. tu Hijo.

R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Todos se sientan y el obispo recibe la mitra. Luego, sigue la liturgia de la Palabra; las lecturas se toman de los textos de la feria del día.

Para el evangelio no se llevan ciriales ni incienso.

Después del evangelio, el obispo hace la homilía, en la que explica las lecturas bíblicas y el sentido del rito.

Monición a la liturgia de la Palabra

La Palabra de Dios nos recuerda que Cristo es la piedra angular de nuestra fe. Sobre él se cimenta nuestra esperanza. Él nos une a su sacrificio en el altar de la cruz para que demos fruto en abundancia de la misericordia que ha derramado sobre nosotros. Atentos, escuchemos la voz de nuestro Dios.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro del Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28

Ahí viene el de los sueños, vamos a matarlo.

José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:

Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos.»

José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:

Ahí viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.»

Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo:

No le quitemos la vida.»

Y añadió:

No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él.»

Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos:

¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra.»

Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José a Egipto.

Palabra de Dios

Salmo responsorial 104,16-17.18-19.20-21

R. Recordad las maravillas que hizo el Señor.

Llamó al hambre sobre aquella tierra:

cortando el sustento de pan;

por delante había enviado a un hombre,

a José, vendido como esclavo. R.

Le trabaron los pies con grillos,

le metieron el cuello en la argolla,

hasta que se cumplió su predicción,

y la palabra del Señor lo acreditó. R.

El rey lo mandó desatar,

el señor de pueblos le abrió la prisión,

lo nombró administrador de su casa,

señor de todas sus posesiones. R.

Terminado el canto de aclamación al Evangelio (No puede ser Aleluya, dado el tiempo de la Cuaresma); el Diácono de la Palabra solicita la bendición al Obispo. Toma el Evangeliario del altar desnudo, lo inciensa y proclama el Evangelio.

EVANGELIO

Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 21,33-43.45-46:

Este es el heredero: venid, lo mataremos.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron:

Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice:

-«¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente“? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Palabra del Señor

Terminada la homilía, se dice el Credo. En cambio, se omite la oración de los fieles, ya que en su lugar se cantan las letanías de los santos.

ORACIÓN DE DEDICACIÓN Y UNCIONES

Letanías de los santos

Después del Credo, el obispo invita al pueblo a orar, con estas u otras palabras parecidas:

Oremos, queridos hermanos,

a Dios Padre todopoderoso,

quien de los corazones de los fieles

ha hecho para sí templos espirituales,

y juntemos nuestras voces

con la súplica fraterna de los santos.

El diácono de la Palabra dice:

Pongámonos de rodillas.

E, inmediatamente, el obispo se arrodilla ante su sede; también los demás se arrodillan.

Entonces, se cantan las letanías de los santos, a las que todos responden. En ellas se añadirán, en sus sitios respectivos, las invocaciones del titular de la iglesia, del patrono del lugar y, si es del caso, de los santos cuyas reliquias se van a colocar. Se pueden añadir también otras peticiones conforme a la naturaleza especial del rito y a la condición de los fieles.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Santa María, Madre de Dios, RUEGA POR NOSOTROS

San Miguel,

Santos ángeles de Dios,

San Juan Bautista,

San José,

Santos Pedro y Pablo,

San Andrés,

Santiago,

San Juan,

San Esteban,

San Ignacio de Antioquía,

San Lorenzo,

Santas Perpetua y Felicidad,

Santa Inés,

Santos Victorino y Victor,

San Jerónimo,

San Agustín,

San Benito,

Santos Francisco y Domingo,

Santa Clara

San Ignacio de Loyola,

San Juan María Vianney,

San Pablo de la Cruz,

Santa Rosa de Lima,

Santa Juan de la Cruz,

Santa Laura Montoya,

San Juan Pablo II,

Santos y santas de Dios,

Muéstrate propicio, LÍBRANOS, SEÑOR

De todo mal,

De todo pecado,

De la muerte eterna,

Por tu encarnación,

Por tu muerte y resurrección,

Por la efusión del Espíritu Santo,

Nosotros, que somos pecadores, TE ROGAMOS, ÓYENOS

Para que gobiernes y conserves

a tu santa Iglesia.

Para que asistas al Papa

y a todos los miembros del clero

en tu servicio santo.

Para que concedas paz y concordia

a todos los pueblos de la tierra.

Para que nos fortalezcas y asistas

en tu servicio santo.

Para que consagres esta iglesia,

Jesús, Hijo de Dios vivo,

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Acabadas las letanías, el obispo (si está arrodillado, se pone de pie), con las manos extendidas, dice:

Te pedimos, Señor

que, por la intercesión de la santa Virgen María

y de todos los santos,

aceptes nuestras súplicas,

para que este altar que va a ser dedicado a tu nombre.

sea mesa de salvación y de gracia,

donde el pueblo cristiano,

reunido en la unidad,

te adore con espíritu y verdad

y se construya en el amor.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

El diácono de la Palabra dice:

Pueden levantarse.

Y todos se ponen de pie. El obispo vuelve a ponerse la mitra.

Colocación de las reliquias

Monición a la colocación de las reliquias

Según una antigua tradición, los altares consagrados al Señor son custodiados con una reliquia de un santo, la cual se deposita en el ara del altar. Ahora procederemos de depositar las reliquias de los mártires San Victorino y Víctor, quienes eran oriundo de la ciudad de Corinto. Fueron Torturados en Egipto por confesar la fe en el Señor Jesucristo por parte del gobernador Sabino, el 25 de Febrero del 249. Roguemos al Señor una fe firme que sea custodiada por la intercesión de estos santos y gocemos de la dicha de la salvación.

El obispo se dirige al altar. El diácono de la Palabra lleva las reliquias al obispo, quien las coloca en el sepulcro preparado para recibirlas. Mientras tanto, se canta un canto adecuado.

Canto: “Vuelan los ángeles en este lugar, en medio de todos…”

Mientras tanto, un albañil cierra el sepulcro, y el obispo regresa a la cátedra.

Oración de dedicación

Hecho lo anterior, el obispo, de pie y sin mitra, junto a la cátedra o junto al altar, dice en voz alta:

Oh Dios, santificador y guía de tu Iglesia,

celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas,

porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre,

con rito solemne, esta casa de oración,

en la cual te honra con amor,

se instruye con tu palabra

y se alimenta con tus sacramentos.

Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia,

a la que Cristo santificó con su sangre,

para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria,

como Virgen excelsa por la integridad de la fe,

y Madre fecunda por el poder del Espíritu.

Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios,

cuyos sarmientos llenan el mundo entero,

cuyos renuevos, adheridos al tronco,

son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos.

Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres,

el templo santo, construido con piedras vivas,

sobre el cimiento de los Apóstoles,

con Cristo Jesús como suprema piedra angular.

Es la Iglesia excelsa,

la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña,

accesible a todos, y a todos patente,

en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero

y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados.

Te suplicamos, pues, Padre santo,

que te dignes impregnar con santificación celestial

esta iglesia y este altar,

para que sean siempre lugar santo

y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo.

Que en este lugar el torrente de tu gracia

lave las manchas de los hombres,

para que tus hijos. Padre, muertos al pecado,

renazcan a la vida nueva.

Que tus fieles, reunidos junto a este altar,

celebren el memorial de la Pascua

y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.

Que resuene aquí la alabanza jubilosa

que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres,

y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo.

Que los pobres encuentren aquí misericordia,

los oprimidos alcancen la verdadera libertad,

y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos,

hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Unción del altar

Luego, el obispo se retira la casulla y toma un gremial, va al altar con los diáconos y otros ministros. El diácono del altar lleva el recipiente con el crisma, y procede a la unción del altar, tal como se describe más adelante.

El obispo, de pie ante el altar, dice en voz alta:

El Señor santifique con su poder

este altar que vamos a ungir,

para que expresen con una señal visible

el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Luego, vierte el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, y es aconsejable que unja también toda la mesa.

Mientras tanto, se canta el siguiente salmo:

Canto “Qué amables son tus moradas, Señor” (Salmo 83 (84)) -Catecúmenos-

Terminada la unción del altar, el obispo regresa a la cátedra y se sienta. Los ministros acólitos le traen lo necesario para lavarse las manos. Luego, se quita el gremial .y se pone la casulla. También los presbíteros, si han ungido el altar, se lavan las manos.

Incensación del altar y de la iglesia

Después del rito de la unción, se presenta al obispo el turiferario. El obispo echa incienso en el incensario, diciendo:

Suba, Señor, nuestra oración

como incienso en tu presencia

y, así como esta casa se llena de suave olor,

que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo.

Se canta el salmo 137, 1-6:.

Canto “Salmo 137”: Suba mi oración como incienso en tu presencia -Catecúmenos-

El obispo incensa el altar. Luego, vuelve a la cátedra, es incensado por el diácono del altar y se sienta. El mismo diácono, pasando por la nave de la iglesia, inciensa al pueblo.

Iluminación del altar y de la iglesia

Ministros de la Eucaristía

Catecúmenos

Terminada la incensación, algunos ministros secan con toallas la mesa del altar y la tapan, si es necesario, con un lienzo impermeable; luego, cubren el altar con el mantel y lo adornan con flores; colocan adecuadamente los candelabros con los cirios requeridos para la celebración de la misa y también, si es del caso, la cruz.

Después, el diácono del altar se acerca al obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:

Brille en la Iglesia la luz de Cristo

para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad.

Luego, el obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la eucaristía.

Entonces, se hace una iluminación festiva: se encienden todos los. cirios, las candelas colocadas donde se han hecho las unciones y todas las lámparas de la iglesia, en señal de alegría.

Mientras tanto, se canta un canto adecuado, de preferencia en honor de Cristo, luz del mundo.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Ofertorio

El diácono del altar y los ministros preparan el altar como de costumbre. Algunos fieles traen el pan, el vino y el agua para la eucaristía. El obispo recibe los dones en la cátedra, Mientras se llevan éstos, conviene cantar un canto adecuado.

Cuando todo está preparado, el obispo va al altar, deja la mitra y lo besa.

La misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan los dones ni el altar.

Oración sobre las ofrendas

Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,

te pedimos descienda tu Espíritu Santo

sobre este altar,

para que santifique los dones

que tu pueblo te presenta,

y purifique el corazón

de quienes van a participar de ellos.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio (Propio de la consagración de un altar)

V. El Señor esté con vosotros.

V. Levantemos el corazón.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre Santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Jesucristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero sacerdote y verdadera víctima,

nos mandó celebrar continuamente

el memorial del sacrificio

que te ofreció en el altar de la cruz.

Por eso tu pueblo erigió este altar

que hoy, llenos de alegría, te dedicamos.

Este es, en verdad, el lugar santo

donde se ofrece sin cesar el sacrificio de Cristo,

se te tributa alabanza perfecta

y se lleva a cabo nuestra redención.

Aquí se prepara la mesa del banquete eucarístico

alrededor del cual tus hijos,

alimentados con el cuerpo de Cristo,

se incorporan en la unidad de tu Iglesia santa.

Aquí tus fieles

al beber de las fuentes que manan de Cristo,

roca espiritual,

reciben el Espíritu Santo,

por quien ellos se transforman

en hostia sagrada y altar vivo.

Por eso, Padre,

también nosotros nos unimos a los ángeles y santos

para alabarte llenos de júbilo, cantando:

Santo, Santo, Santo…

Se dice la plegaria eucarística I, Canon Romano, o la plegaria III

Rito de la comunión

Monición a la comunión

Cristo, quien se ofrendó por nosotros en el altar de la cruz se encuentra presente en medio de nuestra comunidad. Él mismo ha consagrado este altar para que, atentos a su mensaje de vida, disfrutemos del banquete de su Cuerpo santísimo. Con espíritu devoto, pasemos a comulgar.

Antífona de comunión Sal 83, 4-5

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los Ejércitos, rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

acercarnos siempre a tus altares

donde se celebra el sacramento de la Eucaristía;

para que unidos por la fe y el amor

estrechemos el vínculo de la unidad

y mientras nos alimentamos

con el Cuerpo y la Sangre del Señor,

nos transformemos en Cristo Jesús.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición final y despedida

El obispo toma la mitra y dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo contesta :

Y con tu espíritu.

Luego, el diácono del altar invita al pueblo a recibir la bendición, con estas palabras:

Inclínense para recibir la bendición.

Entonces, el obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, lo bendice diciendo

El Dios, que los ha enriquecido con el sacerdocio real,

les conceda cumplir fielmente sus deberes

para poder participar dignamente del sacrificio de Cristo.

R. Amén.

Quien nos congrega junto a su altar

y nos alimenta con un mismo pan,

les conceda tener un mismo pensar y sentir.

R. Amén.

Para que cuantos escuchen el anuncio

que les hacen de Cristo,

se sientan atraídos

por el testimonio de su amor fraterno.

R. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso,

Padre +, Hijo +, y Espíritu Santo +

descienda sobre ustedes.

R. Amén.

Después de la bendición, el diácono del altar despide a los presentes en la forma acostumbrada

(Oraciones: Colecta, Sobre las ofrendas, Prefacio y Después de la comunión tomadas del Misal Romano.

Moniciones: Juan Camilo Tobón C,

Otros textos tomados y adaptados de: <http://parroquiamomoxpan.blogspot.co.id/p/misa-de-consagracion-del-altar.html> )

Consagracion del altar 26 Febrero 2016_3

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