San José, esposo de la SS. Virgen María : 19 Marzo

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

SOLEMNIDAD

2016

Con ocasión de la Solemnidad de san José, Esposo de la Santísima Virgen María, encontrará una reflexión sobre la devoción a san José y las moniciones correspondientes a su celebración litúgica.

BAGLIONE, Giovanni
The Dream of St Joseph
c. 1599
Oil on canvas, 302 x 159 cm
Private collection

CARTA ENCÍCLICA

QUAMQUAM PLURIES

DEL SUMO PONTÍFICE

LEÓN XIII

SOBRE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ

3. Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. El se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propio padres. De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús. Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.

6. Es por esto que —confiando mucho en su celo y autoridad episcopal, Venerables hermanos, y sin dudar que los fieles buenos y piadosos irán más allá de la mera letra de la ley— disponemos que durante todo el mes de octubre, durante el rezo del Rosario, sobre el cual ya hemos legislado, se añada una oración a San José, cuya fórmula será enviada junto con la presente, y que esta costumbre sea repetida todos los años. A quienes reciten esta oración, les concedemos cada vez una indulgencia de siete años y siete cuaresmas. Es una práctica saludable y verdaderamente laudable, ya establecida en algunos países, consagrar el mes de marzo al honor del santo Patriarca por medio de diarios ejercicios de piedad. Donde esta costumbre no sea fácil de establecer, es al menos deseable, que antes del día de fiesta, en la iglesia principal de cada parroquia, se celebre un triduo de oración. En aquellas tierras donde el 19 de marzo —fiesta de San José— no es una festividad obligatoria, Nos exhortamos a los fieles a santificarla en cuanto sea posible por medio de prácticas privadas de piedad, en honor de su celestial patrono, como si fuera un día de obligación.

MARATTI, Carlo
Holy Family: St Joseph with the Christ Child
–
Oil on canvas, 112 x 86 cm
Private collection

Oración a San José

A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de

Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.

Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén

Dado en el Vaticano, el 15 de agosto de 1889, undécimo año de nuestro pontificado.

LEÓN PP. XIII

LeoXIII.svg

(Tomado de: <http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15081889_quamquam-pluries.html&gt;)

MONICIONES PARA LA CELEBRACIÓN

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

SOLEMNIDAD

2016

2S 7, 4-5a. 12-14a. 16 / Sal 89 (88) / Rm 4, 13. 16-18. 22 / Mt 1, 16. 18-21. 24a

«Por eso, Dios le tuvo esto en cuenta y lo reconoció como justo» (Rm 4, 22)

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos a esta celebración del amor de Dios. Hoy la Iglesia, a puertas de la Semana Mayor, exulta llena de gozo por la figura de San José, esposo de la Santísima Virgen María. El cual, fiel a la Palabra de Dios, guardó en su corazón al que es la Palabra y hoy brilla entre las naciones.

Confiados a su especial patrocinio y, dispuestos a seguir su ejemplo, demos gloria al Señor de la Misericordia.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

La Palabra de Dios nos presenta a los varones justos, ellos animaron la fe del pueblo y, sobre todo, como nos lo presenta San Pablo, supieron aguardar en fidelidad las promesas de Dios. Que en este año que nos confiamos a la Misericordia de Dios, San José abra los oídos de nuestro corazón para guardar con tenacidad la Palabra de Dios en nuestro ser. Escuchemos atentos.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. San José, varón misericordioso, intercede por nosotros.

1) Que tu Iglesia, Señor, sea protegida por la intercesión de san José y en ella se fomente la esperanza que abre nuestros caminos a ti.

2) Que nuestra ciudad, la cual sustentas con tu amor, descubra en san José una figura valiosa para defender la familia y la dignidad del trabajo.

3) Que nuestros hermanos que se han consagrado más perfectamente a ti, Señor, mediante la profesión de los consejos evangélicos y el ministerio del orden, vivan con intensidad el llamado que les haces a la fidelidad, al modo de san José.

4) Que los moribundos, invocando tu Nombre, Señor, y la protección de san José, sean bendecidos con la dicha de gozar de tu presencia y el abrazo de tu misericordia.

5) Que nosotros, que nos acogemos al patrocinio de san José, como lo hizo en otro tiempo san Juan XXII para toda la Iglesia, crezcamos en gracia, sabiduría y bondad ante tu presencia, Dios de amor.

MONICIÓN AL OFERTORIO

Depositemos en el altar nuestras ofrendas sabiendo que Dios sondea nuestros corazones y, así como san José ofreció la humildad de su vida, nosotros seamos transformados por la Palabra de Dios en cristianos que caminan infatigablemente hacia la santidad. Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Cristo Jesús, el hijo de José, el esposo de María y descendiente de David, está con nosotros. Pasemos a comulgar con corazón devoto y gozar de la hermosa presencia de Dios y la familia de Nazaret en nuestro corazón. Hagamos nuestra peregrinación al altar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible .SAN JOSÉ ESPOSO DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA (C) 2016

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2016

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