XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (C) 2016 : Moniciones

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO C – 2016

2M 7, 1-2. 8c-14 / Sal 17 (16) / 2Ts 2, 16-3, 5 // Lc 20, 27-38

«El Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la paciencia de Cristo» (2Ts 3,5)

MASTER of the Osservanza
The Resurrection
c. 1445
Tempera and gold on wood, 37 x 46 cm
Institute of Arts, Detroit

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos a esta celebración del día del Señor, el día de su Pascua. En este domingo, notamos cómo el año litúrgico va llegando a su recta final y con él este año santo dedicado a la Misericordia. En este orden, la Palabra de Dios nos invita a meditar en el sentido de nuestra vida y la esperanza que depositamos en la otra vida: la de la resurrección de los muertos en Cristo.

Llenos de la fuerza del Espíritu del Señor, seamos dóciles a su santa operación y celebremos nuestra Eucaristía.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

El discípulo del Señor debe estar siempre atento a sus palabras. En este domingo, se nos presenta una de nuestras esperanzas: la resurrección de los muertos, en la cual se nos garantiza una vida después de la muerte,muero a su vez, donde afirmamos la eterna vitalidad de nuestro Dios: “el Dios de Abraham, Isaac y Jacob”; sin embargo, ¿con nuestro testimonio somos capaces de anunciar que Dios está vivo y que viviremos con él?

Escuchemos atentos la voz de nuestro Dios.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Dios de nuestra salvación, escúchanos.

1) Por nuestra Iglesia, para que tú, Señor, la conserves en comunión, en fidelidad, en la caridad y la esperanza cierta de su destino: tus divinas moradas.

2) Por nuestro país, para que a pesar de las diversas dificultades a atraviesa en lo social, económico y ecológico, sea sostenido por la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva que brotan de ti.

3) Por los fieles difuntos de nuestra parroquia y por lo que ya nadie ora, para que, experimenten la misericordia de tu corazón, puedan gozar de la divina contemplación de tu Nombre y gocen de la bienaventuranza sin fin.

4) Por nosotros aquí reunidos, para que, atentos al divino misterio de tu resurrección, renovemos nuestra fe y vivamos conforme a tus mandatos, como aquellos que esperan morar dichosamente ante tu Presencia.

MONICIÓN AL OFERTORIO

La Iglesia recientemente nos ha invitado a reflexionar sobre la resurrección de nuestra carne. Hoy la Palabra de Dios ha puesto nuestros ojos en dicho misterio; ahora, al presentar nuestros dones, depositemos en el altar nuestras vidas para que sean semilla donde germine la salvación. Hagamos nuestra ofrenda con alegría.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

El año litúrgico va llegando a su fin, y se nos recuerda que nuestra existencia algún día llegará a su fin, no con pesimismo, sino con la esperanza de quienes estarán con Cristo cara a cara; pues bien, ese mismo Cristo está presente en medio de nosotros para alimentar y fortalecer nuestro camino hacia él. Con fe cierta y caridad perfecta, pasemos a comulgar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible: 32-domingo-del-to-c-2016

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:::::::::::::::::::::::::::::::REFLEXIÓN:::::::::::::::::::::::::::::::

Para introducirnos en el misterio de nuestra propia resurrección, citamos a continuación algunos numerales del Catecismo de la Iglesia Católico con el fin de profundizar en esta verdad de fe:

988 El Credo cristiano —profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora— culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:

«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

990 El término “carne” designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La “resurrección de la carne” significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros “cuerpos mortales” (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella” (Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1):

«¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe […] ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. 20).

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