IV Domingo de Adviento (A) 2016 : Moniciones

IV DOMINGO DE ADVIENTO

CICLO A – 2016

Is 7, 10-14 / Sal 24 (23) / Rm 1, 1-7 // Mt 1, 18-24

Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.” (Is 7, 14b)

María y José

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos al celebración de este último domingo del Adviento. La Navidad ya está cerca y, con ella, nuestra alegría se hace mayor. Sin embargo, esta alegría brota, no sólo de las luces y colores que nos rodean por estos días, sino en el hecho de que nuestro Dios nos ha hecho su mayor regalo: su Hijo amado, Jesucristo, el Señor.

Dichosos por el don de Dios, celebremos nuestra santa misa.

MONICIÓN PARA ENCENDER EL CUARTO CIRIO DE LA CORONA DE ADVIENTO

Tú, Señor, ya estás cerca de nosotros. Encendemos este cuarto cirio, el cual llena de luminosidad nuestra comunidad, pues tu luz, Señor, nos hace ver la luz.

Nos hemos dedicado a preparar tu venida con oración, obras de amor y escucha atenta de tu Palabra. Que esta próxima festividad de tu nacimiento, nos disponga a celebrar la dicha de tu presencia, y que esta luz nos invite a renovar nuestro compromiso de fe contigo. Ven, Señor Jesús.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

La Palabra de Dios nos ubica en una realidad propia del Adviento: Dios cumple sus promesas; pero no lo hace de un modo apoteósico. Él se vale de lo más humilde para manifestar su poder; en este orden, hoy resaltan las figuras de una Virgen -anunciada por Isaías- y San José; quienes desde la humildad y el silencio fueron los primeros testigos de las profecías sobre el Mesías.

Escuchemos atentos el mensaje de nuestro Dios para reconocer su acción en nosotros.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Ven, Señor Jesús

1) Que tu Iglesia acreciente su esperanza ante la celebración próxima de tu Navidad, para que todos aquellos a quienes has adquirido por tu sangre, sean mensajeros de la alegría del amor.

2) Que nuestro país sea sostenido por la fuerza de tu gracia para que todos trabajemos por la paz, sostener la esperanza y crear condiciones de justicia y fraternidad.

3) Que los padres de familia, siguiendo el modelo de san José, acojan con alegría el don de la vida que tú, Señor, le confías y sean testimonio del cumplimiento de tus promesas.

4) Que nuestra comunidad de fe se disponga como un pesebre digno para abrigar tu divina presencia y sea, en medio de las adversidades del mundo, un recinto de esperanza, comunión y justicia.

MONICIÓN AL OFERTORIO

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede habitar en su recinto sacro? preguntaba el salmista. En este momento que suben nuestras ofrendas al altar, suben allí nuestras vidas; despojémonos de todo lo que impide nuestra vida con Cristo para gozar de la experiencia del Dios-con-nosotros. Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Al caminar por la vida buscamos una señal del poder y el amor de nuestro Dios; esta señal se encuentra sobre el altar, del mismo modo que estuvo en un pesebre. Cristo mismo es el Dios que camina a nuestro lado y conoce las penas de nuestro corazón. Entremos en comunión con él y pasemos al altar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible dando click aquí

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:::::REFLEXIÓN:::::

Nos encontramos ya en el último domingo de Adviento. Ya hemos hecho un recorrido de tres semanas donde hemos encendido las luces de nuestra fe y esperanza a partir de la oración, la práctica de la misericordia y la escucha de la Palabra de Dios, pero ahora que se acerca la Navidad ¿Qué le ofreceremos al niño de Belén? Tal vez ante esta pregunta, algunos nos desanimaremos ante la tibieza de nuestra vida sacramental y la flojera frente a las fuentes de nuestra fe; sin embargo, el desánimo nos nos otorga nada. Es hora de ponerse en camino con una muy bella certeza que nos regala la Palabra de Dios en este domingo y que podemos formular en la expresión de la Virgen María en el Magniticat: derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Pues, bien, al contemplar a san José en el Evangelio y a la Virgen profetizada por Isaías, sabemos que la obra de Dios se lleva a cabo en los sencillos, en los silenciosos, en los momentos de la vida que creemos baladíes.

Que al terminar este Adviento, el Espíritu del Señor y su santa operación nos permitan estar atentos a su paso en nuestras vidas y a los llamados que nos hace a la santidad en lo humilde, lo simple, lo lento y verdadero.

Que la Inmaculada Virgen María y san José, dispongan nuestro corazón como un pesebre digno de su morada.

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