Solemnidad de la Navidad del Señor 2016 : Moniciones

SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR

Misa de la Vigilia / Misa del día

BARTOLO DI FREDI
Nativity and Adoration of the Shepherds
c. 1383
Tempera and gold on wood, 50 x 35 cm
Pinacoteca, Vatican

SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR: Misa de la vigilia

CICLO A – 2016

Is 62, 1-5 / Sal 89 / Hch 13, 16-17. 22-25 // Mt 1, 18-25

Por amor a Sión no me callaré, por Jerusalén no quedaré tranquilo hasta que su justicia se haga claridad y su salvación brille como antorcha”.” (Is 62, 1)

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos, a lo largo de cuatro semanas hemos venido preparando nuestro corazón para la celebración de esta noche: el nacimiento de Cristo, nuestro Señor; el cual, por obra del Espíritu Santo se encarnó en el hogar de José y María. Dispongamos nuestro corazón para la celebración de esta noche en la cual reconoceremos el actuar de Dios al manifestar al mundo al sol que nace de lo alto.

Llenos de alegría, celebremos con los ángeles, esta noche santa.

MONICIÓN PARA EL CANTO DEL GLORIA

Ven, Señor Jesús. Así decíamos incesantemente durante el tiempo de Adviento; pero hoy sabemos que Dios cumple sus promesas en el Niño de Belén; por eso, con el corazón lleno de dicha, nos unimos al coro de los santos y de los ángeles, para cantar la gloria de nuestro Dios.

Entonemos juntos el himno del gloria.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

La Palabra de Dios, desde la perspectiva de la fe, siempre nos regala motivos para descubrir el querer de nuestro Dios; por eso, en esta noche santa, ella hará énfasis en tres vivencias necesarias para el creyente: La primera es que Dios cumple sus promesas; la segunda, Él hace su obra en lo frágil; y, la tercera, que Él camina siempre a nuestro lado: es Dios con nosotros.

Escuchemos atentos.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Niño de Belén, escúchanos.

1) Que tu Iglesia, Señor, llena de renovada alegría por la celebración de tu nacimiento, sea inundada por la fuerza de tu Espíritu Santo y siga siendo mensajera de esperanza al mundo.

2) Que nuestros países que viven los festejos de la Navidad, para que sientan los llamados que les haces a la justicia y a dar sentido a la historia desde el misterio de tu Encarnación.

3) Que nuestros niños, signo de esperanza e inocencia en nuestras familias y comunidades, sean sostenidos por tu gracia y cuenten con todo nuestro compromiso para su cuidado.

4) Que esta comunidad, la cual has convocado en tu amor, viva la alegría del Evangelio durante estas fiestas y se fortalezca en santidad a la hora de compartir las adversidades.

MONICIÓN AL OFERTORIO

Como José y María que presentaron lo mejor de sí mismos para recibir con humildad y dignidad al Señor de señores, abramos nuestro corazón a la gracia del Dios con nosotros para que gocemos de su misericordia y salvación.

Presentemos nuestras ofrendas en el altar.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

La salvación de Dios brilla en las tinieblas. Los ángeles aclaman a quien en un pesebre y en este altar se hace verdaderamente presente. Unamos, pues, nuestro corazón a Cristo, para que al comulgar con él, aspiremos a la dicha de los santos. Pasemos a comulgar.

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Descargue las moniciones de la Misa de la Vigilia en versión imprimible, dando click aquí

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BICCI DI NERI
Nativity
1470s
Tempera on wood, 23 x 66 cm
Lindenau-Museum, Altenburg

SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR: Misa del día

CICLO A – 2016

Is 52, 7-10 / Sal 98 / Hb 1, 1-6 / Jn 1, 1-18

Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: Que lo adoren todos los ángeles de Dios“.” (Hb 1, 6)

MONICIÓN DE ENTRADA

Hermanos, bienvenidos a esta celebración del amor de nuestro Dios. Hoy el nacimiento de Cristo nos inunda de alegría. En Belén la Palabra de Dios se hizo carne, se hizo niño y en su fragilidad ha levantado nuestro corazón ante la presencia del Dios de la vida para liberarnos de las tinieblas, del egoísmo y el pecado.

Unamos nuestra voz a la de los coros angélicos y celebremos nuestra acción de gracias.

MONICIÓN PARA EL CANTO DEL GLORIA

Ven, Señor Jesús. Así decíamos incesantemente durante el tiempo de Adviento; pero hoy sabemos que Dios cumple sus promesas en el Niño de Belén; por eso, con el corazón lleno de dicha, nos unimos al coro de los santos y de los ángeles, para cantar la gloria de nuestro Dios.

Entonemos juntos el himno del gloria.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

El profeta Isaías y el autor de la carta a los Hebreos nos recuerdan que Dios no ha decidido quedarse lejos de nosotros; Él ha compartido nuestra historia y nuestra humanidad para restaurarnos; su Palabra, el Verbo, como nos lo señalará san Juan ha hecho morada entre nosotros para restituir la dignidad de hijos de Dios.

Escuchemos atentos al Dios que nos habla en la humildad de un pesebre y nos revela su ternura.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Niño de Belén, escúchanos

1) Para que tu Iglesia, sea cada vez más un recinto de santidad; y el pueblo que hoy se alegra con tu nacimiento, crezca en comunión para que seamos una sola familia para tu gloria.

2) Para que todas las naciones de la tierra, te reconozcan como el príncipe que anuncia la paz y, movidos por tu Espíritu Santo, acrecentemos nuestras obras de buena voluntad.

3) Para que los niños de nuestras familias, sean protegidos por tu poder; y que al celebrar el misterio de tu Encarnación y nacimiento, la vida sea defendida en sus diferentes formas.

4) Para que nosotros, reunidos en torno a tu pesebre y a tu altar, seamos transformados por la alegría de los ángeles; y, como José y María, acojamos tu obra salvadora en nuestros corazones, familias y comunidades.

MONICIÓN AL OFERTORIO

El profeta Isaías nos invita a la alegría, la esperanza y a anunciar la paz. Que al presentar nuestras ofrendas en el altar, al modo de los pastores de Belén, depositemos ante el Niño del pesebre, los mejores dones de paz y bondad de nuestros corazones. Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Nuestro Dios se ha hecho carne, se ha hecho pan y vino. El mismo a quien María y José adoraron en su frágil humanidad, está aquí en el altar para alimentarnos. Acerquémonos en el altar con el corazón dichoso y llenémonos de la presencia que los ángeles y santos adoran. Pasemos como hijos de Dios a comulgar.

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Descargue la moniciones de la Misa del día en versión imprimible dando click aquí

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:::::::::REFLEXIÓN:::::::::

De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 1 En la Natividad del Señor, 1.3: PL 54, 190-193)

RECONOCE, OH CRISTIANO, TU DIGNIDAD

Nuestro Salvador, amadísimos hermanos, ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa.

Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida.

Al llegar el momento dispuesto de antemano por los impenetrables designios divinos, el Hijo de Dios quiso asumir la naturaleza humana para reconciliarla con su Creador; así el diablo, autor de la muerte, sería vencido mediante aquella misma naturaleza sobre la cual él mismo había reportado su victoria.

Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?

Demos, por tanto, amadísimos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo, pues, por la inmensa misericordia con que nos amó, ha tenido piedad de nosotros y, cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo, para que fuésemos en él una nueva creatura, una nueva obra de sus manos. Despojémonos, por tanto, del hombre viejo y de sus acciones y, habiendo sido admitidos a participar del nacimiento de Cristo, renunciemos a las obras de la carne. Reconoce, oh cristiano, tu dignidad y, ya que ahora participas de la misma naturaleza divina, no vuelvas a tu antigua vileza con una vida depravada. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que has sido arrancado del dominio de las tinieblas y transportado al reino y a la claridad de Dios.

Por el sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no ahuyentes, pues, con acciones pecaminosas un huésped tan excelso, ni te entregues otra vez como esclavo del demonio, pues el precio con que has sido comprado es la sangre de Cristo.

Feliz Navidad

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