V Domingo del Tiempo Ordinario (A) 2017 : Moniciones

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO A – 2017

Is 58, 7-10 / Sal 112 (111) / 1Co 2, 1-5 // Mt 5, 13-16

Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará?”. (Mt 5, 13a)

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MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos hermanos a la celebración de la santa misa. Estar aquí reunidos, no sólo es un compromiso social, es una decisión que brota de nuestro encuentro con Dios, el cual nos invita a ser sal y luz en medio del mundo. Démosle gracias por la confianza que derrama en nosotros y celebremos este V Domingo del Tiempo Ordinario. Iniciemos nuestra celebración.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

A lo largo de los siguientes domingos escucharemos en la liturgia de la Palabra una serie de exigencias para lograr la perfección cristiana. Dios ha puesto todo de su parte por nosotros; ahora nosotros, debemos ir poniendo de la nuestra, no como una exigencia legal, sino como un desafío de nuestro amor, el cual nos garantiza una corona: la santidad.

Escuchemos la voz de nuestro Dios para conocer su voluntad.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/.  Cristo, luz de los hombres, escúchanos.

1) Dice San Pablo: no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado. Que nuestra Iglesia, Señor, al encontrarse contigo en los sacramentos, anuncie con espíritu vigoroso la sabiduría de la cruz y la dignidad de los hijos de Dios.

2) Dice el salmista: Feliz el hombre que se apiada y presta, y arregla rectamente sus asuntos. Que aquellos que tienen las responsabilidad de dirigir nuestra nación, lo hagan con sincero corazón, deponiendo sus intenciones egoístas y procurando la justicia.

3) Dice el profeta: Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Que nuestros hermanos que sufren encuentren deleite en tus Palabras, Señor, y así hallen el consuelo que los impulsa a ser testimonio en medio de tu pueblo.

4) Dices, tú, Señor: Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Que quienes nos hemos congregado en esta asamblea, pongamos todo de nuestra parte, para que los demás reconozcan la luz de tu rostro.

MONICIÓN AL OFERTORIO

Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Hermanos, al presentar nuestras ofrendas de pan y vino por manos del sacerdote al Señor de la vida, pidamos que nuestro corazón renueve su compromiso de fe, para que, movidos por el amor de nuestro Dios, le demos sentido a la adversidad y mostremos al mundo la alegría de la salvación. Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Que al acercarnos a comulgar con el cuerpo del Señor, llevemos en nuestro corazón el compromiso de ser luz para aquellos que moran con nosotros y engrandecer durante esta semana el Nombre de nuestro Dios. En procesión devota, pasemos a comulgar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible dando click aquí

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::::::REFLEXIÓN::::::

De la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y el Caribe reunido en Aparecida (Brasil, 2007)

LA ALEGRÍA DE SER DISCÍPULOS Y MISIONEROS  DE JESUCRISTO

  1. En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser  discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del  Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre  nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo.
  1. La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a  quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor,  deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por  las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del  Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte,  llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna  y compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La alegría del  discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro  y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es  un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de  la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia  del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que  puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es  lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con  nuestra palabra y obras es nuestro gozo.

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