Ven, Espíritu de Dios.
A ti clamo.
Sin ti estoy vacío
mi luz es solo un fugaz destello
el sabor de mi vida es insípido
y mi cruz queda tirada a un lado del camino.

A ti clamo,
ven a mí,
ven a mi hogar,
a mi trabajo,
a mis afanes,
a mis afectos,
a mis defectos,
a mi cuerpo,
a mi corazón.

Sé el fuego que caliente
mis frias determinaciones,
el bálsamo que cure
las heridas de mi pasado,
la brisa que refresque
mi fatigar solitario.

A ti clamo,
ven a mí.

Abre mis ojos
para verte en mis hermanos
para ver tu mano escribiendo en mis días
para escucharte al abrir mi Biblia,
al hablar con mis mayores
al atender a quien me necesita.

A ti clamo,
ven a mí.

Que goce de la caricia del Padre,
el abrazo del Hijo
y tu siempre necesaria amistad;
así, junto con María y José,

Francisco de Asís y Domingo de Guzmán
Antonio de Padua y Rosa de Lima
gozaré también de la comunión de los santos,

A ti clamo,
ven, Espíritu de Dios.