II Domingo de Pascua (B) 2018 De la Divina misericordia : Moniciones

II DOMINGO DE PASCUA (B): De la Divina Misericordia

CICLO B – 2018

Hch 4, 32-35 / Sal 118 (117) / 1Jn 5, 1-6 // Jn 20, 19-31

“Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe” (1Jn 5, 4a)

Caminando hacia la Cruz

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/walking-to-the-cross-1315234&gt;

MONICIÓN DE ENTRADA

Aleluya, hermanos. Este es el grito de victoria que nos reúne en este segundo domingo de la Pascua; domingo que San Juan Pablo II instituyó como el de la divina misericordia porque con sangre y agua fue pactada nuestra reconciliación con el Padre.

Abramos nuestro ser a la acción del resucitado e iniciemos esta celebración de la vida.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

El centro de la Palabra de Dios en este domingo es una muy corta: la fe. Por fe, los primeros hermanos creyentes se unían en un solo corazón; por la fe en el Hijo de Dios tenemos la certeza de vencer al mundo y al dolor; y por esa misma fe reconocemos que Cristo es nuestro Dios y Señor.

Abramos nuestros oídos al Dios que por fe nos colma de su misericordia.

ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Dios de la misericordia, escúchanos.

1) Por tu Iglesia, la cual has comprado a precio de sangre y agua, para que todos los creyentes, unidos al Papa Francisco, tengamos un solo corazón.

2) Por las naciones de la tierra, especialmente las más azotadas por la violencia o la indiferencia, para que en todas brille el mensaje de tu victoria sobre la vida.

3) Por nuestros hermanos que viven crisis de fe, por los marginados y los que buscan misericordia, para que encontremos en el costado abierto de Cristo la fuente de nuestra sed.

4) Por nuestra comunidad de fe, para que sembremos semillas de misericordia y nuestros gestos solidarios acerquen a muchos a la alegría de la Pascua del Señor.

MONICIÓN AL OFERTORIO

El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son carga. Así nos dice San Juan en su carta; sin embargo, nuestros corazones se fatigan ante los trabajos de la vida cotidiana. Pagamos sobre el altar nuestra ofrendas para que la acción del Espíritu del resucitado aumente nuestra fe y nuestro amor a Dios.

Hagamos nuestra ofrenda.

MONICIÓN A LA COMUNIÓN

Señor mío y Dios mío. Esta es la confesión de fe de quien descubre en Cristo la fuente externa de la misericordia. Unamos nuestro ser a la confesión de Tomás y, al acercarnos al altar, procuremos vivir en un mismo corazón con aquel Dios que nos alimenta y los hermanos que compartimos este mismo pan.

Pasemos a comulgar.

Por su dolorosa pasión y resurrección, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible dando click aquí

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