XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

CICLO B – 2018

Ex 16, 2-4. 12-15 / Sal 78 (77) / Ef 4, 17. 20-24 / Jn 6, 24-35

“Señor, danos siempre de este pan” Jn 6, 34

imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/atardecer-en-cabo-de-cruz-1525474&gt;

Monición de Entrada

Bienvenidos hermanos al memorial del amor de nuestro Dios. Celebramos el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario y, en él, Dios nos pide que no seamos indiferentes a su amor. El domingo pasado recordábamos cómo alimentó a una multitud y hoy nos interroga por el motivo de nuestro seguimiento: ¿el bienestar?, ¿la abundancia?, ¿la prosperidad? o ¿el sincero amor a él y su camino de cruz?

Puestos en la manos de nuestro Dios y Padre, celebremos las maravillas de su amor.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Muchos siguen el camino del Señor en busca de bienestar, de alimento, de abundancia de bienes, para adormecer su conciencia; sin embargo, Dios mismo cuestiona la idea que nosotros tenemos de él. ¿Por qué le seguimos? ¿Para qué lo buscamos? Hemos sido llamados por su amor, ¿no debería ser así nuestro testimonio?

Escuchemos la voz del Dios que nos quiere cerca de su corazón.

Oración de los Fieles

R/. Señor de la misericordia, escúchanos

1) Por la Iglesia, en especial por los que sirven en ella mediante el sacramento del Orden y la Vida Consagrada; para que administren incansablemente a los fieles y no creyentes, la Palabra de Dios y la vida en comunión.

2) Por los gobernantes de nuestros pueblos, para que busquen no sólo satisfacer las necesidades inmediatas de sus comunidades, sino también, las orienten a los valores del Reino.

3) Por nuestros hermanos que padecen el hambre, la enfermedad, la falta de empleo y la desesperación, para que sean sostenidos por nuestra generosidad y el poder de tu gracia.

4) Por nuestra comunidad (parroquial), para que sostenida por la intercesión de los santos, busque sediente, la fuente que sacia nuestra necesidad: tu Palabra salvadora, la vida en comunión y la caridad sincera.

Monición al Ofertorio

Cristo supo saciar a la multitud con pan, hoy nos puede saciar con el maná de su presencia. Ofrezcamos nuestro ser a él para que, junto con los dones que presentamos en esta celebración, gocemos de su amistad y de la dicha de nuestra vocación cristiana que, aunque cargada de imperfección y pecado, busca dirigirse hacia la santidad.

Hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Con el salmista, sabemos que el Señor nos alimenta con pan del cielo. Dispongamos nuestro corazón para este pan, para recibir la caricia del Señor y gozar de su predilección por cada uno de nosotros,

En procesión devota, pasemos, como hermanos, al altar de Dios.

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