XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B – 2018

Gn 2, 18-24 / Sal  126 (127) / Hb 2, 9-11 // Mc 10, 2-16

«–¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!» Gn 2, 23

Fuerza

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/strength-1310249&gt;

Monición de Entrada

Hermanos, bienvenidos a la celebración del día del Señor. En este XXVII Domingo del Tiempo Ordinario el Señor nos llama a vivir el misterio de su amor, el cual encuentra en las experiencias humanas un bello eco; de este modo, en la experiencia de unión amorosa de una mujer y un hombre, podemos descubrir el rostro amoroso de Cristo.

Poniendo los ojos en aquel que derrama su ternura sobre nosotros, iniciemos nuestra celebración.

Monición a la Liturgia de la Palabra

El matrimonio y la vida de pareja es una forma de vivir delante del Señor, sí se tienen los ojos puestos en Cristo. Es un misterio de comunión donde dos seres se hacen una sola carne. Atendamos la voz del Señor quien nos invita a vivir en su presencia en fidelidad y caridad.

Atendamos a la voz de nuestro Dios

Oración de los Fieles

R/.  Dios de bondad, escúchanos.

1) Tú que llamas a todos los hombres a tu amor, haz que la Iglesia sea reflejo del amor de Cristo por los hombres y transmita la riqueza del don de lo alto.

2) Tú que has dado al hombre la capacidad de nombrar cada cosa en la creación para acogerla de modo fraterno, ilumina a nuestros gobernantes para que busquen ante todo el bien de nuestra casa común.

3) Tú que has creado al hombre y la mujer para que caminen ante tu presencia, acoge en tu corazón a las parejas que unen sus pasos ante ti por el amor y el sacramento del matrimonio para que vivan en tu presencia (y aquellos que, ante las circunstancias, han visto el fracaso de este proyecto, dales tu gracia para vivir en santidad).

4) Tú que nos llamas hermanos, por la intensidad de tu entrega y compasión, ayuda a esta comunidad de fe para que viva en clima de fraternidad sincera y contribuya a la santificación de cada uno desde el estilo de vida al cual llamas a cada uno.

Monición al Ofertorio

Pan y vino, el fruto de nuestro trabajo y nuestra vida. En el altar del Señor depositamos lo mejor de nuestro ser y colocamos los hogares que conforman nuestra Iglesia, los sanos y los rotos, para que la acción del Espíritu Santo sople en cada uno de nosotros y seamos instrumentos de su amor.

Depositemos en el altar nuestra ofrenda y nuestras vidas.

Monición a la Comunión

El amor de Cristo se manifiesta en su Iglesia en muchos caminos y en todas las circunstancias. Él nos invita a acudir a él, a estar unidos en él. Acojamos su divina presencia en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestras vidas cotidianas para que reconozcamos en el otro un don de su ternura hacia nosotos. Pasemos a comulgar.

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Descargue estas moniciones en versión imprimible dando click aquí

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