II Domingo de Adviento

Ciclo C – 2018

Ba 5, 1-9 / Sal 126 (125) / Flp 1, 4-6. 8-11 // Lc 3, 1-6

«Porque Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia». Ba 5, 9

Monición de Entrada

Bienvenidos, todos a la celebración de la Eucaristía.  En este segundo domingo del Adviento reconocemos cercana la presencia de nuestro Señor, por eso, se enfatiza en la figura del profetismo, profetismo que anuncia la esperanza, que denuncia la maldad y al cual estamos unidos por el bautismo para iluminar al mundo con la buena nueva.

Celebremos con fe este tiempo de gracia.

Vela

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/candle-1578281&gt;

Monición II cirio de la corona de Adviento

Encendamos nuestra esperanza con este segundo cirio de esta corona, que su luz se haga más fuerte en nuestros corazones para que seamos profetas de la justicia, la verdad y el amor.

V. Bendigamos al Señor R. Demos gracias a Dios

Monición a la Liturgia de la Palabra

A veces caemos en el error de considerar que un profeta es aquel que anuncia desastres y catástrofes; por el contrario, la Palabra de Dios nos muestra a hombres y mujeres unidos en actitud contemplativa al amor del Padre; desde ese amor se anuncia la esperanza y la salvación que están cerca.

Escuchemos la voz de Dios para alentar nuestra actitud profética.

Oración de los Fieles

R/.  Ven, Señor, Jesús.

1) Que en tu Iglesia se susciten hombres amantes de la verdad, la justicia y la caridad que proclamen, con la fuerza del Espíritu Santo, un nuevo profetismo para la salvación del pueblo de Dios.

2) Que movidos por la Palabra de Dios y la buena voluntad, nuestros gobernantes obren con rectitud en sus decisiones y acciones para el bien de todos.

3) Que nuestros hermanos privados de la libertad, reconozcan en este tiempo de esperanza y penitencia que tú Señor eres quien da sentido a cada día.

4) Que nuestra comunidad de fe, por la intercesión de San Juan Bautista, continúe caminando con ánimo alegre al encuentro del Salvador, fomentando el espíritu de comunión fraterna.

Monición al Ofertorio

Llevemos al altar lo mejor de nuestro corazón. El Señor está cerca y qué mejor manera de recibirlo con un corazón puro, tal como son símbolo las formas del pan y el vino para hacer presencia real de su amor.

Hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Al momento de acercarnos al altar de Cristo, deben resonar con esperanza las palabras del profeta: “Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da“.  Llenémonos de la dicha de Dios y, al comulgar, seamos replicadores de la dicha de su amor para prepararnos a la solemnidad de su nacimiento.

Pasemos al altar.