II Domingo de Cuaresma

Ciclo C – 2019

Gn 15, 15-12 . 17-18 / Sal 27 (26) / Flp 3, 17-4, 1 // Lc 9, 28b-36

«Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona manteneos así, en el Señor, queridos».  Flp 4, 1

Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos a la celebración del II Domingo de Cuaresma. Este tiempo, como tiempo de penitencia, es también un tiempo de transfiguración, de modo que, resplandeciendo con Cristo en la renovación de nuestro compromiso bautismal, gocemos del amor y la predilección de nuestro Dios.

Movidos por la esperanza, iniciemos dignamente nuestra celebración.

Cuando muere un vaquero

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Monición a la Liturgia de la Palabra

La Cuaresma es un tiempo especial de escucha de la Palabra de Dios, de oración con ella, de subir a la montaña para encontrar a Cristo en la Ley y los Profetas, el Nuevo Testamento. En ella reconocemos, como Abraham, la acción de Dios; renovamos nuestra fe y somos transfigurados.

Siguiendo la recomendación del Padre celestial, escuchemos la voz de nuestro Dios.

Oración de los Fieles

R/.  Escucha, Señor, nuestra oración.

1) Para que tu Iglesia, movida a la conversión sincera, persevere en la oración y la caridad, y, así, sea rostro transfigurado de tu presencia en el mundo.

2) Para que quienes buscan refugio en nuestra nación, sean acogidos con generosidad y trabajemos juntos en la construcción de la justicia, la paz y la fraternidad.

3) Para que nuestros hermanos agobiados por la soledad, el pecado, el desempleo, la enfermedad o el sin sentido encuentren en ti su fortaleza y en nosotros el gesto y la palabra oportuna.

4) Para que nuestros hermanos judíos, musulmanes, cristianos y de otras religiones que conviven con nosotros, se abran a la acción de tu Espíritu y construyan con nosotros una sociedad más amable, reflejo de la santidad de tu Nombre.

5) Para que nuestra comunidad parroquial se renueve mediante la penitencia, la oración y la caridad y goce de la dicha de la pascua que es camino contigo.

Monición al Ofertorio

Como Abraham presentemos nuestra ofrenda al Señor. Él nos dará el mayor signo de su amor: Cristo en la mesa del altar. Presentemos nuestro corazón con sus buenas obras y nuestro deseo de vencer nuestro pecado. Deseosos de ser transfigurados por el resucitado, hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Cristo, la plenitud de las Escrituras y nuestra historia, habita con nosotros y nos invita a reproducir su imagen en nuestros hogares, escuelas, trabajos y ciudades. Recibámoslo y seamos dignos de su amor y misericordia. Pasemos a comulgar.