III Domingo de Cuaresma

Ciclo C – 2019

Ex 3, 1-8a. 13-15 / Sal 103 (102) / 1 Co 10, 1-6. 10-12 // Lc 13, 1-9

Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos, a la celebración del día del Señor. En este III Domingo de Cuaresma, la llamada que resuena en nuestros corazones es a la conversión. Dios aguarda por nosotros, pero también sale a nuestro encuentro, de modo que evitemos estar lejos de él, es decir, bajo el yugo de las estructuras del pecado. Ante este amor inmenso y generoso, dispongamos el alma para darle gracias.

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Monición a la Liturgia de la Palabra

El pensamiento bíblico ha asociado la desgracia y la enfermedad con el pecado; si bien, Dios no quiere nuestro mal, el pecado deja consecuencias en nuestro cuerpo, alma y relación con los demás; por lo cual, Dios no cesa de darnos oportunidades para volver a Él, ante ello resuenan las siguientes palabras del Evangelio al referirse a una higuera seca: «–Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás».

Escuchemos atentos la voz de nuestro Dios para dar frutos de conversión.

Oración de los Fieles

R/.  Señor, nuestra oración y ten piedad.

1) Por nuestra Iglesia, para que fiel al mensaje evangélico, tome con decisión y amor el llamado que nos haces constantemente a volver nuestro corazón a ti.

2) Por nuestra nación, para que dé frutos de conversión, construcción de la justicia y restitución de la dignidad de cada persona y de la creación.

3) Por nuestros hermanos quienes, oprimidos por el pecado, la soledad o el sin sentido, buscan un motivo de esperanza para seguir aguardando, para que sean sostenidos por tu gracia y tu bondad.

4) Por nuestra comunidad de fe, para que, sostenida por la intercesión de san José y todos los santos, permanezca en comunión con la Iglesia y todos los hombres mediante la comunicación cristiana de bienes a la cual nos llamas en esta Cuaresma.

Monición al Ofertorio

El Dios de nuestros padres revela todo su ser en la Palabra, en el altar, en la zarza de Moisés y en la Cruz. Él está dispuesto a recibir nuestro corazón quebrantado por las vicisitudes de la vida y hacernos florecer y dar frutos de conversión. Junto al Pan y el Vino, depositemos en sobre la mesa eucarística nuestros sueños y proyectos para que se configuren a su divina voluntad.

En actitud de acción de gracias, hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

San Pablo nos ha invitado a tener una actitud vigilante en nuestra vida. Debemos estar en vigilia ante el poder del pecado que nos acecha, que nos quita la dicha de vivir en la presencia de Dios.

Comulguemos con Cristo, para que su presencia en nuestras vidas, nos ayude a hacer un examen de conciencia riguroso y corregir aquello que opaca su obrar en medio de nuestra vida.

En actitud devota, pasemos a comulgar.