IV Domingo de Cuaresma: Lætare

Ciclo C – 2019

Jos 5, 9a. 10-12 / Sal 34 (33) / 2Co 5, 17-21 / Lc 15, 1-3. 11-32

Padre e hijo

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Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos a la celebración del domingo, el día del Señor. Este IV Domingo de Cuaresma es llamado el domingo de la alegría ¿Por qué hemos de estar alegres? Cada uno tiene su respuesta en el fondo de su corazón, pero sería valioso coincidir en que, estamos alegres porque Dios nos muestra su misericordia, nos invita a su mesa, nos invita a ser criaturas nuevas, nos llama a la Pascua.

Iniciemos esta celebración con las palabras del salmista: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres».

Monición a la Liturgia de la Palabra

El Papa Francisco, atendiendo a las raíces de la espiritualidad cristiana, nos ha invitado a la alegría, la cual brota del encuentro con el Padre, con la acción salvadora de Cristo, con la bondad del Espíritu Santo. Justo esto es lo que encontramos en las lecturas que escucharemos a continuación.

Pidamos el don del Espíritu para que nuestra alegría sea contagiosa para los demás y acerque a todos a la misericordia de Dios.

 

Oración de los Fieles

R/.  Padre de misericordia, escúchanos.

1) Por la Iglesia, para que en este tiempo de cuaresma se abra a tu misericordia y la irradie a todos los que se acogen a ella.

2) Por nuestra nación , para que goce de los bienes de tu mesa, para que sea bendecida con la abundancia de tu providencia y la justicia de tus juicios.

3) Por nuestros hermanos que sufren a causa de la indiferencia y la injusticia social, para que sean sostenidos por el abrazo del Padre que los impulsa a ser criaturas nuevas.

4) Por nuestra comunidad de fe, para que, por la intercesión de la Virgen Inmaculada, sea escuela de la alegría en la escucha de la Palabra, en el ejercicio de la caridad y el cultivo de la esperanza.

 

Monición al Ofertorio

Estamos invitados todos a la mesa del Señor; Él como el Padre misericordioso, dispone su mejor festín aún a pesar de nuestro pecado, de nuestra indiferencia, del vacío de nuestra religiosidad o de nuestras propia fragilidad.

Levantemos nuestro corazón y vayamos al encuentro de nuestro Dios, disponiéndo lo mejor de nuestros corazones junto con el pan y el vino. Llenos de esta alegría, hagamos nuestra ofrenda.

 

Monición a la Comunión

San Pablo nos invita: «Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva criatura. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo». Este es el alimento que hace nuevas todas la cosas, el mismo que nos invita a la penitencia y que nos levanta hacia la Pascua. Acerquémonos a Él con alegría de espíritu para ser instrumentos de su obra misericordiosa entre todos los hombres y en toda la creación.

Pasemos a comulgar.

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