Domingo de Pascua

Ciclo C – 2019

Hch 10, 34a. 37-43 / Sal 118 (117) / Col 3, 1-4 // Secuencia // Jn 20, 1-9

«Verdaderamente ha resucitado el Señor»

Monición de Entrada

Hermanos, bienvenidos al día en que actuó el Señor. La tumba está vacía y está es nuestra mayor alegría, nuestra fe, nuestra buena nueva. Nuestro corazón está alegre y esta dicha es la que comunicamos al mundo.

Con la dicha de nuestra fe y el renacimiento a una vida nueva, cantemos las acciones de nuestro Dios.

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Monición a la Liturgia de la Palabra

Dios es fiel, Él ha cumplido sus promesas. La Palabra de Dios da testimonio de ello y la tumba vacía anima nuestra fe en la vida prometida. Que la alegría pascual que nos anima a escuchar la Palabra, nos haga criaturas nuevas.

La liturgia de hoy está acompañada de un antiguo himno llamado «Secuencia», el cual enfatiza la acción de Dios en este día santo.

Escuchemos atentos la voz del Dios vivo.

Oración de los Fieles

R/.  Dios de la vida, escúchanos.

1) Tú que eres la vida nueva, haz que la Iglesia, renacida por las aguas del bautismo, se congregue ante la luz de tu Pascua con caridad renovada.

2) Tú qué haces nuevas todas las cosas, sé el sostén de nuestra nación, para que renazca de sus vicisitudes y reconozca las maravillas de tu amor.

3) Tú que eres la luz que nunca cesa, haz que nuestros hermanos que recién abrazan la fe por la celebración del bautismo, sean faros de santidad ante la Iglesia y todos los hombres.

4) Tú que has llenado de dicha el corazón de tus discípulos, haz que nuestra parroquia se abra a acción resucitada y así, reconocido tu rostro en la escrituras, la fracción del pan y la caridad, sea testimonio fiel de la vida que nos das.

Monición al Ofertorio

Quién ha Sido levantado de los muertos toma lo que somos para presentarlo al Padre de las misericordias; así, nuestro Dios mismo se nos ofrece como alimento para renovar nuestra vida de fe en el bautismo que hemos abrazado.

Gozosos, hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Reconocer a Cristo en la mesa de la Palabra y en la Mesa del Señor es un don de fe que adquiere sentido con la Pascua. Él mismo es alimento para nuestro camino que conduce a la santidad.

Con el corazón ardiendo en amor por Dios, vayamos al altar.

¡Aleluya!, Verdaderamente ha resucitado el Señor.

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