III Domingo de Pascua (de la Divina Misericordia)

Ciclo C – 2019

Hch 5, 27-32 / Sal 30 (29) / Ap 5, 11-14 // Jn 21, 1-14

«Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre».

libertad

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Monición de Entrada

Hermanos, sean todos bienvenidos a la celebración de este III Domingo de Pascua. Nuestro corazón reboza de alegría por la acción de Dios; el cual, resucitado, vive en nuestra comunidad. Del mismo modo que los Apóstoles le reconocen como el Señor de la vida, nosotros, por la fe, estamos invitados a reconocer su obrar en nuestras vidas.

Con la dicha de estar ante un Dios vivo que nos invita a la mesa, celebremos nuestra acción de gracias.

Monición a la Liturgia de la Palabra

La Pascua es una invitación a reconocer la presencia resucitada de Jesucristo en la vida, en la Palabra de Dios, en la vida de la Iglesia. Estos son los elementos que reconocemos en la liturgia de la palabra de este domingo, en la cual vemos cómo los Apóstoles asumen con alegría los ultrajes recibidos por el Señor. En el Evangelio, el seguidor de Cristo reconoce que su resurrección y se sienta con él a comer para manifestar su amor, lo cual, en el Apocalipsis es el canto universal de todo ser viviente.

Escuchemos atentos.

Oración de los Fieles

R/.  Cristo Resucitado, atiende nuestra oración.

1) Por la Iglesia, para que todos los bautizados, aceptemos con alegría las dificultades de la vida y, vuelto nuestro corazón a Dios, sembremos la alegría de la Pascua en todos los corazones de los hombres.

2) Por la paz y la concordia en nuestra nación, para que todos los ciudadanos, iluminados por el mensaje de amor y esperanza del Resucitado, trabajemos en conjunto en la construcción de la fraternidad.

3) Por nuestros hermanos que sufren la desesperación, la enfermedad y el señalamientos a causa de su fe, para que, fortalecidos por el testimonio de todos los bautizados y la presencia del Resucitado, sean confortados y animados a la santidad.

4) Por nuestra comunidad de fe que se reúne en torno a la mesa del Resucitado, para que sea digna de entonar la alabanza del Señor junto con toda la comunidad de los santos.

Monición al Ofertorio

En el altar depositamos nuestras esperanzas, tristezas, fatigas y sueños para que, en manos del Resucitado, nuestras vidas sean ofrenda agradable al Padre de las misericordias.

Hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

La mesa está servida. El Señor mismo nos invita a sentarnos junto a Él para que, fortalecidos en la fe, la esperanza y el amor con su presencia Resucitada compartamos al mundo la alegría que nos da el saber que caminamos junto con Él.

Llenos de gozo, pasemos a comulgar.