V Domingo de Pascua

Ciclo C – 2019

Hch 14, 20b-26 / Sal 144 / Ap 21, 1-5a // Jn 13, 31-33a. 34-35

 

«Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar no existe ya» (Ap 21, 1).

 

Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos, a la celebración de la mesa del Señor. El día de hoy, el amor de Dios nos invita a no encerrarlo en nuestra vida personal y eclesial, sino abrirlo a cada criatura que también ha sido creada por su amor. Este será nuestro distintivo en el mundo y para ello, en este tiempo de Pascua, debemos despojarnos de las acciones egoístas que desdicen del sacrificio de quien confesamos vive resucitado en medio de nosotros.

Iniciemos nuestra celebración, elevando nuestros afectos hacia nuestro Dios.

 

Monición a la Liturgia de la Palabra

Del amor que Cristo ha derramados sobre nosotros y que a su vez nos ha dejado como mandamiento, brotan todas dinámicas de la vida cristiana. Ese amor nos impulsa a la misión y será nuestra corona en la victoria de los justos. Esta es la dinámica en la que se mueve la Iglesia desde su inicio y el proyecto que hemos abrazado con nuestro bautismo.

Escuchemos la voz del Señor que nos ama.

Manita

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/little-hand-1314171&gt;

Oración de los Fieles

R/.  Cristo Resucitado, atiende nuestra oración.

1) Que tu Iglesia, fiel al mandamiento del amor, crezca en el espíritu de comunión fraterna y, unida a la voz del Papa Francisco y todos sus ministros, merezca gozar de la corona de los justos.

2) Que nuestra patria, cimentada en la máxima del amor, sea lugar de encuentro y construcción de la dignidad de la creación para que cada criatura la habite con gozo.

3) Que nuestros hermanos enfermos y necesitados, reconozcan en nuestra caridad sincera una caricia de tu amor y un camino que les permite el encuentro contigo, Dios de la vida.

4) Que nuestra comunidad de fe, fiel al Evangelio y sostenida por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, persevere con fidelidad en el camino de la Cruz y el gozo de la Pascua.

 

Monición al Ofertorio

La segunda lectura que escuchamos hoy nos recuerda una promesa: «Y oí una voz que clamaba desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres; él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y él será Dios-con-ellos». Dios habita en nuestra vida y se hará verdaderamente presente en el pan fraccionado. Ofrendemos nuestro ser para ser morada de su presencia.

Presentemos nuestros dones.

 

Monición a la Comunión

El Resucitado mismo está en medio de nosotros. Del mismo modo que se sentó a la mesa con sus discípulos, nos comparte hoy el pan y el mandato del amor fraterno para anunciarlo a todos los hombres. Llenos de alegría por su presencia viva en la historia, pasemos al comulgar.

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