Solemnidad de la Ascensión del Señor

Ciclo C – 2019

Hch 1, 1-11 / Sal 47 (46) / Ef 1, 17-23 // Lc 24, 46-53

 

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse» (Hch 24, 53).

 

Monición de Entrada

Celebramos, hermanos, la solemnidad de la Ascensión del Señor. Ella pone nuestros ojos en lo alto donde se encuentra Cristo, nuestro Señor; esto, desde la experiencia de nuestro bautismo, nos recuerda que es junto con Cristo donde está nuestro destino y nuestro ser.

Como hijos nacidos de lo alto, iniciemos llenos de alegría nuestra celebración de acción de gracias.

 

Monición a la Liturgia de la Palabra

Cristo asciende a lo alto. San Lucas nos dirá que se retira de sus discípulos para sentarse en el puesto que le corresponde: a la derecha del Padre, como lo confesamos en el símbolo de nuestra fe. Desde allí, nos dice san Pablo, se convierte en el Señor de la historia y de la creación; sin embargo, no nos deja solos y nos promete su Espíritu, el cual es nuestra fortaleza y quien alegra nuestro camino.

Con la misma dicha de los Apóstoles, escuchemos la Palabra de Dios.

 

Oración de los Fieles

R/.  Escucha, Señor, nuestras oraciones que ascienden hacia ti.

1) Tú que eres la corona de la Iglesia y la creación, santifica a tu Iglesia con la fuerza de tu Espíritu Santo, para que manifieste en todos los rincones del mundo tu presencia resucitada.

2) Tú que eres el culmen de la historia y juez universal, mira con benignidad a nuestra nación para que en ella se gesten y florezcan las acciones de paz y justicia.

3) Tú que eres quien sustenta nuestras vidas, bendice a nuestros hermanos campesinos quienes con su fe profunda sustentan nuestros hogares con el fruto de su trabajo y sus plegarias.

4) Tú que has prometido estar con nosotros hasta el fin, acoge nuestra comunidad parroquial para que, con el corazón renovado por el espíritu de la Pascua, sea lugar de adoración y caridad perfectas.

 

Monición al Ofertorio

Cuando presentamos el vino, el agua y el pan, ofrecemos los frutos de la tierra y el signo de nuestro trabajo, los cuales ascienden por manos del presbítero para ser transformados por la acción del Espíritu Santo. Suban junto a estos dones, los afectos, luces y sombras de nuestro corazón para que seamos renovados por el resucitado y tributemos la alabanza perfecta al Padre.

Presentemos nuestros dones.

Sol Hugger

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/sun-hugger-1404456&gt;

Monición a la Comunión

La Palabra de Cristo nos decía: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo». Que al recibir el Cuerpo del Señor, seamos tierra fecunda para la acción del Espíritu Santo y dar testimonio de él en nuestros hogares, nuestras comunidades, empleos y lugares de vida. Así, con nuestra mente y nuestras acciones seamos reflejos de su amor.

Pasemos a comulgar con el Cristo que asciende al Padre y desciende a nuestros corazones.

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