XIII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C – 2019

1R 19, 16b. 19-21 / Sal 16 (15) / Ga 5, 1. 13-18 // Lc 9, 51-62

«Nuestras vocación, hermanos, es la libertad». (Ga, 5, 13a)

Fuego

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Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos, a la celebración de la mesa del Señor. Después de la Pascua y las solemnidades de la Santísima Trinidad y Corpus Christi retomamos el conteo de los domingos del Tiempo Ordinario con la alegría que nos ha traído el resucitado; el cual, nos invita a seguirlo con exigencia y generosidad.

Con el gozo del Espíritu de Dios en nuestros corazones, adoremos el Nombre del Señor.

 

Monición a la Liturgia de la Palabra

La libertad es uno de los frutos de nuestro bautismo, el cual fue adquirido a precio de sangre por Cristo. Seguir a Cristo demanda de nuestra libertad. A nadie se le impone el nombre de cristiano, pero hacerlo, implica abrazar una serie de exigencias que tienen como recompensa el abrazo del maestro.

Escuchemos atentos, pues el discípulo de Jesús, nace de atender a las Palabras de su Señor.

 

Oración de los Fieles

R/.  Tú que nos llamas a la libertad, escúchanos, Señor.

1) Que todos los bautizados, congregados por el amor de tu Nombre, seamos fortalecidos en nuestra lucha contra el pecado, para que te sigamos con generosidad y santidad.

2) Que los que gobiernan nuestra nación, lo hagan con espíritu de servicio, defendiendo la libertad de cada persona, así como su vida y la Ley que has sembrado en nuestros corazones.

3) Que quienes han decidido seguirte de manera especial en la vida contemplativa o misionera, puedan reconocer cómo tu mano los sostiene en medio de las dificultades y señalamientos.

4) Que nuestra comunidad de fe, sepa vencer con caridad sus divisiones, para que sea recinto donde se pueda gozar de la libertad cristiana, el seguimiento atento de tu Evangelio y el servicio dedicado por amor a ti y a los hermanos.

 

Monición al Ofertorio

Como Eliseo, quien ofreció al Señor aquello que le daba su sustento para seguir a Elías, ofrezcamos lo mejor de nuestro corazón para que con la ayuda de Cristo, seamos seguidores coherentes y decididos de su enseñanza, la cual es desafiada constantemente ante propuestas que desdibujan la dignidad y la libertad humana.

Hagamos nuestra ofrenda.

 

Monición a la Comunión

Cristo nos alimenta para seguirlo, para continuar nuestro camino de fe que nos conduce al Padre. Que al comulgar con él, ahondemos nuestra relación con él y comprendamos sus exigencias, así como la dicha de la salvación que nos ofrece por amor.

Como hermanos, hagamos nuestra procesión al altar.

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