XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C – 2019

Sir 35, 12-14. 16-18 / Sal 34 (33) / 2Tm 4, 6-8. 16-18 // Lc 18, 9-14

«Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca». (Sal 34)

para pam

Monición de Entrada

Bienvenidos todos, al banquete de la Mesa del Señor. El poder de Dios se manifiesta en las cosas sencillas, en la humildad de cada hombre, en el reconocimiento de su verdad, en el pan y en el vino. Esa es la invitación para este XXX Domingo del Tiempo Ordinario: Ponernos en las manos de nuestro Dios, sin discursos, sin títulos, sin adornos: siendo lo que somos: barro y obra de sus manos.

Con esta actitud de humildad que nos impulsa a su encuentro, iniciemos nuestra celebración de la Mesa del Señor.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Hermanos, la Palabra de Dios nos reafirma nuestra esperanza: Dios escucha nuestras oraciones. Sin embargo, la actitud del cristiano es de reconocimiento de su realidad delante de Dios; esto es, con humildad, con reconocimiento de nuestra necesidad de Él, de los dones que hemos recibido, pero también de nuestro pecado. Este clima de oración lo vemos reflejado en las palabras de Pablo, el hombre que ha sabido correr su carrera.

Roguemos al Señor que, atendiendo a su Palabra, profundicemos en el don de la oración.

Oración de los Fieles

R/.  Escúchanos, Señor.

1) Por tu Iglesia, para que sea instrumento que acerca a cada hombre a tu Divina presencia, cumpliendo con fidelidad y humildad la misión que le has encomendado.

2) Por el Papa Francisco, para que, animado por tu Espíritu Santo, sea asistido por tu sabiduría y santidad en la misión de dirigir a la Iglesia y conservarla en la comunión.

3) Por nuestros hermanos misioneros, para que, sostenidos por tu gracia, reconozcan en la fragilidad de sus vidas, el poder salvador de tu amor.

4) Por esta comunidad parroquial, para que en este mes misionero se reconozca como oportunidad de llamar a muchos hombres y mujeres a la alegría del evangelio y en cada uno de sus miembros resplandezca tu santidad.

Monición al Ofertorio

Como el publicano en el templo, ofrezcamos la verdad de nuestro corazón. En este momento de presentar nuestras ofrendas, somos lo que somos delante de Dios y nada más, como decía San Francisco de Asís. Junto con el pan y el vino, dispongámonos a recibir la gracia de la misericordia y, como la hermana y madre tierra, a dar el mejor fruto de nosotros mismos.

Hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Sin la gracia misericordiosa de Cristo, Palabra del Dios vivo, ningún hombre está justificado ante el Dios de justicia; sin embargo, Él, como primer misionero del amor del Padre, nos levanta para acercarnos al trono de gracia. Comulguemos con él, para estar en su presencia y acercar a nuestros hermanos a esta experiencia de la ternura de Dios.

Pasemos a comulgar.

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/for-pam-1470354&gt;

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