XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C – 2019

2M 7, 1-2. 8c-14 / Sal 17 (16) / 2Ts 2, 16-3, 5 // Lc 20, 27-38

«Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él». (Lc 20, 38)

Monición de Entrada

El Señor los bendiga, hermanos.

El Tiempo Ordinario está llegando a sus momentos conclusivos. Celebramos el XXXII Domingo de este tiempo litúrgico. Así las cosas, la Iglesia nos invita a poner los ojos en nuestra vida futura; concretamente hoy, la atención se centra en la resurrección de la cual gozaremos con Cristo. Ante esto vale la pena preguntarnos, ¿trabajamos por ser dignos de esta resurrección?

Unidos al Dios de la vida y la esperanza, iniciemos nuestra acción de gracias.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Sabemos y aceptamos que, como cristianos, nuestra vida tiene sentido en el aquí y el ahora; pero también en el porvenir donde esperamos gozar de la presencia de nuestro Dios. Esta verdad es confirmada por la Palabra de Dios. En el sacrificio de los hermanos Macabeos, quienes, con tenacidad y decisión se entregan a la muerte antes de deshonrar a Dios, en quien se haya la esperanza de una vida futura. Del mismo modo, Jesús, frente a quienes se burlan de él, les enseña el poder de la vida sobre la muerte.

Escuchemos la Palabra de Dios para ser vivificados por su poder.

Oración de los Fieles

R/.  Dios de la vida, protégenos.

1) Para que la Iglesia, pueblo de salvación, acoja tu palabra con sinceridad y valor, y, movida por tu Espíritu Santo, te busque en actitud de conversión sin fingimiento.

2) Para que los gobernantes de los pueblos favorezcan la libertad religiosa en un clima de concordia y construcción de la dignidad humana de los pueblos encomendados a su gobierno.

3) Por nuestros hermanos que han perdido la esperanza y se encuentran agobiados por el sinsentido, para que tu providencia los fortalezca y les permitas gozar del don de la vida en tu Nombre.

4) Por nuestra comunidad de fe, para que iluminada por la Palabra de Dios, renueve su fe, esperanza y amor; así, siendo signo de tu victoria sobre la muerte, goce de la comunión de los santos.

Monición al Ofertorio

El pan y el vino que presentamos en el altar, sin muestras del resurgir de la vida según Dios. Que al presentar nuestras ofrendas en el altar, nuestras vidas y nuestra esperanza se renueven para que, como estas ofrendas nos transformemos en presencia del Dios de la vida en el mundo necesitado de su misericordia.

Hagamos nuestra ofrenda.

Monición a la Comunión

Cristo, el Dios de la resurrección y la vida, está en medio de nosotros para acompañarnos en nuestro camino hacia su encuentro. Que al comulgar con el sacramento del altar alimentemos nuestra fe para hacer frente a los desafíos que ella tiene en nuestro diario vivir y unamos nuestro corazón cada vez más a él.

Como hijos de Dios, llamados a vivir cada vez más en él, pasemos en procesión al altar.

La Cruz de madera

Imagen tomada de: <https://es.freeimages.com/photo/the-wooden-cross-1574402&gt;

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